lunes, 23 de agosto de 2021

Pa’ l compa Roberto Perdía!!! ODA PERONISTA COMBATIVA De FRANCISCO ALVERO, EL JUGLAR DE LA LIBERTAD De la CANTATA COMPAÑERA "NOS HAN VENCIDO!!!" LA SANGRE DERRAMADA NO SERA NEGOCIADA.”VENCEREMOS!!!" De cara a los 50 AÑOS del estreno en el Luna Park de la CANTATA MONTONERA de HUERQUE MAPU (1973-2023)












Con la MUSICA de Memoria de los basurales (El aramburazo)

Pa’ l compa 

Roberto Perdía!!!

 

 

ODA PERONISTA COMBATIVA  

 

 

De FRANCISCO ALVERO, EL JUGLAR

DE LA LIBERTAD


   

 

De la CANTATA COMPAÑERA

 

"NOS HAN VENCIDO!!!"

 

 La sangre derramada no será negociada. 

¡¡¡VENCEREMOS!!!"


 De cara a los 50 AÑOS del estreno en el Luna Park


 de  la CANTATA MONTONERA de HUERQUE MAPU


(1973-2023) 



Quiero cantar unos versos,

 de fuego y viento en el alma

pal comandante Perdía,

 ejemplo de nuestra Patria.


En tiempos de oscuridad, 

proscripciones y lamentos

Del fondo de nuestro pueblo,

ha surgido Montoneros.


Herida de la historia, 

Clavada en la memoria,

de viejos basurales 

y nuevas resistencias.

Que están sintetizadas 

en una misma esencia.


Porque la esperanza, 

nunca jamás se acaba!

Si late en la entraña

 corajuda de la Patria!


Ejemplo de lucha, 

ejemplo de coraje!

Que viva siempre 

nuestro gran comandante! 


Roberto Perdía! 

A vos canto estos versos, 

por peronista, patriota y montonero! 

hoy te cantamos con agradecimiento

Por tu compromido de un amor verdadero.


Con tu ejemplo heroico, 

por siempre a la victoria

Que es la alborada

del pueblo su semilla!


Viva el comandante, 

de la nueva Argentina!

libre y soberana, 

como el pueblo la imagina.




 

























«Nunca planteamos que la contradicción fuera burguesía – proletariado», entrevista a Roberto Perdía

  en Uncategorized

a64_perdiamate“Nunca planteamos que la contradicción fuera burguesía-proletariado”
Un intercambio con Roberto Perdía

Julieta Pacheco y Stella Grenat
Grupo de investigación de la lucha de clases en los ’70

Roberto Perdía es un fiel exponente de aquello que se considera como “izquierda peronista”. Dirigente nacional de Montoneros, ocupó lugares de conducción durante la lucha de clases en los ’70. Aquí, un intercambio y una discusión con sobre los aciertos y errores: el programa, la estrategia, la formación de dirigentes y la derrota final.

Miembro de la Conducción Nacional de Montoneros, Roberto Perdía es un referente de político de la organización peronista más trascendente de la década de 1970. En esta oportunidad, intercambiamos opiniones sobre diversos aspectos, desde el rol del partido hasta los diferentes tipos de lucha que encaró Montoneros desde el Cordobazo hasta el Golpe de 1976. El objetivo: confrontar balances sobre las causas de la derrota.

Esta la idea, muy superficial, de asociar a Montoneros a “guerrilleros” o a una práctica puramente militar. ¿Cómo la ves?

No era así. Nosotros, un poco en broma y un poco en serio, decíamos que éramos ladrones de gallinas. Llegando a 1973, militarmente no éramos nada extraordinario. El peso venía, porque sí acompañábamos la acción política con algunos hechos militares. Pero fundamentalmente venia por esa voluntad de decir “hay que construir otro tipo de poder”.

Cuándo ustedes plantean la necesidad del ejército popular, o peronista ¿A qué se refieren?

Lo estábamos haciendo, porque no hay ejército popular que surja meramente del hecho militar. El ejército popular es el ejército del pueblo. Si no tenés al pueblo convencido no vas a construir ningún ejército.

¿Y de dónde salía el armamento del pueblo?

Iba llegando. Es decir, la idea nuestra de construir un ejército popular al largo plazo era una idea de construir un ejército en el largo plazo. Además, había existido  la experiencia de 18 años de resistencia que muchos sectores populares pelearon. Pelearon de cualquier manera. Salvaje como en Córdoba donde volaron una estación de servicio. O pelearon con miguelitos, con caños, con todo. Esa es la lucha. Lo que nosotros queríamos era racionalizar eso, nada más. A su vez, teníamos en la cabeza, suponíamos, que en el momento de quiebre, una parte del aparato militar tenía que estar con nosotros. No imaginábamos que íbamos a derrotar al aparato militar al estilo cubano. Eso en 1973, digo. Por ahí, en 1970, hasta el Cordobazo, donde imaginábamos la lucha guerrillera en el monte, siguiendo el ejemplo cubano. Sí se pensaba un enfrentamiento a largo plazo. Pero en 1973 no. Ahí ya pensábamos algunos hechos que produjeran una ruptura en la sociedad, un quiebre. Con ese quiebre se iban a producir enfrentamientos y con esos enfrentamientos nosotros podíamos contar con franjas del ejército regular. Porque los tipos tenían ante sí la situación del pueblo en la calle. Incluso, hicimos la instrucción a fines de 1973 y un manual tratando de integrar nuestra experiencia con la que nos podían brindar compañeros nuestros que venían de ser oficiales de las fuerzas militares del régimen. Para preparar a los compañeros para esos casos críticos. Inclusive ustedes ven en las movilizaciones que había, tenían formación militar, porque apuntaban, tenían como objetivo ir preparando al pueblo, a nuestra militancia en el ejercicio de esa práctica. Nos veníamos preparando.

En los primeros documentos de Montoneros, todo aparece supeditado a lo militar, pero en el proceso final es todo lo contrario.

Teníamos más gente para lo militar que para la política. Era más fácil tener un militante para lo militar que un militante arraigado en un sindicato o núcleo barrial. Y eso que para nosotros era más fácil, porque no teníamos que trasplantar militantes, porque los teníamos del peronismo, los podíamos incorporar desde la militancia natural.

¿Había una idea de capitalización de las primeras etapas de la Resistencia?

Por supuesto, venia del peronismo y de la primera resistencia. Nosotros teníamos un diálogo muy fácil con la dirigencia de aquella resistencia. Nos podíamos encontrar tranquilamente, discutíamos. Era muy sencillo. Había una riqueza enorme, desde el punto de vista logístico, militar. Te daban sus casas, “anda a ver tal tipo, tal otro”. Muchos de ellos eran dirigentes gremiales.

No es que era puramente militar, entonces…

No. Esos tipos vivían en sus casas. Habían vivido la resistencia. Eran viejos o eran veteranos o estaban retirados, pero te recibían te daban apoyo, además el “PV” nos juntaba a todos. Todos los hechos militares firmábamos cualquier consigna, pero firmábamos “PV”. Y ese “PV”, al tipo que pasaba por ahí lo leía. El peronista medio, ese que era más del 50% en la sociedad, decía “qué bien, qué bien, dale que va” y siempre una ayuda te daba.

¿Y eso varió con la Triple A?

Eso varió con el enfrentamiento con Perón, fue cambiando.

¿Ahí el aparato militar pasa a tener ese rol más defensivo?

Lo central no es eso. Lo central es que se va produciendo cierto aislamiento respecto a ese nivel de conciencia medio del peronismo. Ese nivel de conciencia medio que antes te aplaudía, ahora te deja de aplaudir. Eso es lo central.

Pero después de 1974 con el pasaje a la clandestinidad…

Ahí, todo va de la mano pasaje a la clandestinidad, enfrentamiento con Perón, la Triple A, que te hostigaba constantemente y mataba a la militancia.

¿Allí es donde aparece la construcción de la estructura militar como tarea principal?

Nosotros, frente a la angustia que teníamos y la presión de los muertos que nos tiraban cotidianamente, tomamos un camino incorrecto: pensamos que la clandestinidad podía ser un mecanismo apropiado. Yo creo que sirvió en la coyuntura. De hecho, me parece que si no hubiésemos pasado a la clandestinidad, hubiese habido más muertos en ese período. Pero visto a largo plazo…

¿Cómo fue el pasaje a la clandestinidad en la práctica?

Se cierran los locales. Entonces, el barrio, lo que giraba alrededor del local, las redes se debilitaban. No es que la gente se iba, quedaba una relación no pública. El “vení a mi casa/voy a tu casa”, una cosa con cualquier vecino de “vení al local” se transformaba en “no puedo verte/ no sabés donde vivo”. Es distinto.

¿Es difícil el pasaje a la clandestinidad de un aparato tan grande?

Sí, claro, no fue fácil. Fue conflictivo, complicado. A los compañeros más notorios hubo que sacarlos de la zona. En el corto plazo evitamos que nos mataran a muchos compañeros, pero en el largo plazo perdimos, porque esos compañeros perdieron arraigo. Todos perdimos arraigo. Se nos fue aislando. Eso fue la derrota. Eso facilito la acción del enemigo.

Pero la JTP aparece liderando las coordinadoras de junio-julio en 1975, lo cual muestra que, de alguna manera, siguió funcionando…

Sí, es cierto, pero tiene que ve con lo que dije antes. Tiene que ver con que en lo sindical, la resistencia era fuerte, pero en lo territorial no. Entonces se sintió mucho más en la militancia territorial que en la sindical.

¿Cuál predominaba?

Lo territorial, lo otro tiene una calidad distinta. Pero, numéricamente, era mucho más grande lo territorial, por supuesto.

En ese momento, ¿ustedes eran consientes de eso?

No, no lo pensábamos desde ahí. Esto es un análisis que hago ahora. Los dos sucesos centrales que le dan a Montoneros esa presencia de masas fueron Aramburu y las elecciones de 1973, que no tiene nada de militar, al revés, apuntaba a desarmar el aspecto militar, es un hecho típicamente político. Pero yo creo que ese hecho complementa la masividad que tuvo Aramburu. De alguna manera, Montoneros hizo lo que buena parte del pueblo necesitaba y quería. La muerte de Aramburu fue una reivindicación de muchos sectores populares. Ganar las elecciones, llegar a las elecciones con el menor costo fue otra reivindicación masiva. El pueblo no quiere la guerra para llegar al gobierno, quiere vivir con dignidad. Antes habíamos sido derrotados con un montón de elecciones, con el peronismo dividido. Pero en esas circunstancias se va a elecciones y se gana. Entonces el pueblo está feliz. Eso le da poder.

Estos vínculos durante la década del ’60 con el trabajo territorial y sindical ¿se mantienen y se continúan paralelo a lo que es la acción de Aramburu?

Por supuesto, lo acrecienta. Compañeros que no tenían nada que ver, de repente aparecen: “soy secretario adjunto”, “delegado”, “me incorporo”, elementos que venían con su laburo ya hecho.

¿Se advierten sindicatos o círculos ya armados que se incorporan a Montoneros?

Claro. Estábamos en Tucumán, en 1971, y una compañera estaba haciendo una reunión con un pequeño grupo al costado del camino y de repente viene una marcha de un ingenio cantando “Montoneros”. Ellos no conocían a nadie y eran la conducción de Montoneros en Tucumán. Es decir, ese fenómeno de masas es lo que se dio. Yo lo viví en Rosario. Una semana después de la vuelta de Perón, se hace un acto allí, en una cancha de futbol. Todos los que hablaron eran montoneros. La gente cantaba “montoneros”. Pero yo, que era responsable,  no conocía a la inmensa mayoría. Se había producido una explosión de masas con el retorno de Perón, con gente que ya estaba y que buscaba contactos. Nosotros no teníamos estructura para absorber todo eso.
Ahora bien, lo militar acompañaba limpiando el camino. Aramburu fue eso ¿qué es limpiar el camino?, tiene que ver con la subjetividad, con el tema de la conciencia. En el seno del pueblo muchos pensaban, estos tipos nos matan, nos persiguen, etc. y de repente, qué es lo que decían los viejos, “ellos también la ligaban”. Eso es lo que estaba en la conciencia. Y no es un tema secundario. Que nadie piense que se reemplazaba la acción de masas, todo lo contrario simplemente la potenciaba.

¿Cómo se formaba un militante montonero?

Primero tenía que tener la identificación peronista. Segundo, tenía que ver cuáles eran los sectores sociales de la pelea. Nosotros lo llamábamos “hipótesis de guerra” (año 1974). La hipótesis de lucha en todo el país, provincia por provincia, que era en qué sectores sociales nos íbamos a apoyar provincia por provincia y cuáles eran los sectores sociales enemigos. Eso se tenía que verificar. Y a partir de ahí empezar a construir con los sectores amigos.

Cuando ustedes no eran esa fuerza, 1970-1971 ¿cómo los formaban?

No era tan sencillo. Yo estaba primero en el norte Santa Fe. ¿Con quién te ibas a organizar? Con los laburantes. Cuando estaba ahí, apareció un suboficial, un manco que le habían arrancado un brazo en los bombardeos el 16 de julio. Nos encontramos con otros compañeros y fuimos al campo. Estábamos con el tema de la guerrilla rural. Allí había empleados, maestros rurales,  estudiantes, un par de curas, obreros. Eso era natural con lo que teníamos que construir, tenias que construir con sectores del pueblo.

¿No había una escuela de cuadros en el sentido más clásico?

No, eso pasó después de 1973. Hasta 1973, la formación de ese tipo era limitada, nada más se le daba formación a compañeros que se incorporaban para que aprendiesen a tirar, a desarmar un arma, cosas elementales. Después de 1973, se hicieron cursos masivos en San Luis de 100 compañeros. Preparamos el manual, estuvimos un mes instruyendo. Este cambio tiene que ver con una discusión que se da hoy todavía. Desde 1965 a 1973 hubo una guerra política social, a veces militar. No tengo ninguna duda: la llamábamos guerra. Lo era como un enfrentamiento social calificado. Como lo fue el de 1976.

¿El cambio en la definición de la guerra que se ve hacia 1973, tiene que ver con la autocrítica que llevó a incorporarse a las elecciones?

Claro, como concepto integral. Tiene que ver con aquello día que dije que, a partir de 1972, con el retorno de Perón, empezamos a cambiar la idea de la destrucción del ejercito, por un enfrentamiento de tipo insurreccional.

Se lo pensaba en ese momento, en el ’72 ustedes están pensando “guerra” en términos literales.

Sí, estábamos pensando en una construcción política que tenía que terminar en un enfrentamiento militar abierto. Estábamos pensando en el caso cubano. Desde 1972 en adelante empezamos a pensar de otra manera, con la experiencia que se venían las elecciones y qué había que hacer ahí. Y aquí una cosa que es muy interesante es el tema de la doble política militar a partir del triunfo electoral de 1973. No nos desarmamos y teníamos acciones comunes con el comando del ejército. Eso es un tema muy interesante, muy poco entendido, muy poco explicado y muy criticado. Pero es un tema clave, la doble política militar. No estábamos locos, simplemente pensamos que era una táctica apta para el futuro y no nos queríamos desarmar. Y no porque tuviéramos muchos fierros, sino en función simbólica, si nos desarmábamos, desarmábamos al pueblo. Le estábamos diciendo “ya está”.

Cuando uno ve Montoneros uno piensa en 200 mil, 500 mil personas.

No, todos esos compañeros adherían a Montoneros, pero no estaban orgánicamente integrados.

¿Había diferencia importante entre adhesión y las otras formas?

Claro, eran compañeros que militaban en las agrupaciones, eran simpatizantes o algo por el estilo, pero no orgánicos. Ahora, todos los compañeros orgánicos de las agrupaciones que además tenían responsabilidad de conducción sí formaban parte orgánica de Montoneros. Orgánicamente, contando las direcciones de las organizaciones y lo que sería hasta aspirantes, seríamos unos 15 mil compañeros.

¿Pero el aspirante no tenia practica militar?

Sí, alguna práctica sí. Por ejemplo, hacíamos lo que fueron las famosas “miliciadas”. Hubo una grande en 1974 y creo que otra en 1975. Cientos de compañeros en una zona con bombas de estruendos, panfleteras, de todo. Inundábamos la zona para colapsarla. La policía no sabía para qué lado agarrar, porque quedaba cerrada, las comisarias quedaban como cerradas, se armaba de un despelote.

¿Entonces todo quedaba supeditado a la concepción de ejército popular?

Claro, eso lo hacían milicianos básicamente, con la conducción de algunos compañeros combatientes de Montoneros. Eso era una práctica para inundar el territorio y hacerlo colapsar. Para demostrarle al sistema represivo que no estaban tan cómodos. Eso se hizo varias veces. Como operación era muy complicada. Una se hizo en Cabildo y Monroe. Fue caótico. Fue en 1975 y duró 1 hora.

¿Cómo conciliaban el aspecto “miliciano” con el de comando militar?

Procurábamos compensar las dos cosas. En los conflictos sindicales interveníamos con algunas operaciones comandos y con alguna miliciada. De las dos formas interveníamos para apoyar un conflicto sindical, por ejemplo. Operación comando, golpeando algún directivo, y operación miliciana, panfleteando la zona, con megáfonos. La idea nuestra era que eso se articulaba en el momento crítico que es el hecho insurreccional. Esa idea la restablecimos en los inicios de los ‘80. Eso lo mantuvimos hasta 1982. Lo hicimos con centenares de compañeros que recibieron instrucción justamente con esa dirección.

¿A qué se referían con la “patria socialista”?

Lo que pasa es que hubo un periodo bastante largo en donde nosotros tratamos de evitar la contraposición “patria peronista”-“patria socialista”, por la situación interna del peronismo. Tratamos de que eso se fuera dilatando en el tiempo, no plantearlo como una cuestión previa a que pasara. Que se fuera dando el debate. Teníamos una fuerte raíz en la historia del peronismo y esto era  la patria peronista. Su contenido de clase uno lo puede llamar que eso llevaba al socialismo, era como ir develando, sacando lentamente las cosas como para que no realizara un shock  negativo en el conjunto de los compañeros. No era cambiar el pensamiento ni tampoco tergiversarlo. Para nosotros sigue siendo aquel peronismo apuntaba a una construcción socialista, que quedó frustrado, por el sector social en el que estaba apoyado, por el sujeto social que lo sostenía. Todo lo que no queríamos era plantear el objetivo final, sino ir recorriendo los caminos que la conciencia del pueblo iba incorporando. Esa era la idea de fondo.

Siguiendo con las discusiones con la izquierda, las FAR planteaban  no tiene que haber intervención de la vanguardia, a diferencia de lo que plantea la tradición socialista.

Ahí está la famosa discusión donde la clave la tiene una palabra. En una reunión de dirección se pronuncio la palabra “dotar” y se armo un despelote. Como si alguien de afuera dota a la clase obrera. Nadie dota de nada. El proceso existe, uno se incorpora al proceso y va procurando direccionarlo, llevarlo acompañarlo, retroceder con él y no dotarlo. Cuando dota algo es porque está fuera de algo y trata de ponerlo. Esto tiene que ver con la vanguardia, llegamos a una frase genial “conducir es conducir”. ¿Quién conduce? El que dice vamos para allá y se va para allá, esa la discusión con la izquierda sobre la conducción de Perón. Perón decía, interpretaba el movimiento y decía “vamos para allá”. Perón en parte lo dirigía y en parte lo interpretaba. En cambio la izquierda decía “vamos para allá” y no iban para allá. Esa era la discusión.


Cuando uno piensa en Montoneros no aparece el problema de la expropiación de la propiedad privada…

En el programa del ’73, nosotros levantamos un programa de frente nacional. El programa del ‘73 es un programa de clases de alianza con la pequeña burguesía. Lo sostuvimos, lo mantuvimos, esa era la idea. Eso era un programa electoral. Después vienen los problemas con el fracaso del programa del ’73. Que fue una última instancia de acuerdo con sectores de la burguesía nacional. La perspectiva de la sociedad argentina, en los últimos momentos, estaba asentada la posibilidad de un acuerdo en torno a un frente nacional, con acuerdos con la burguesía nacional. Eso fue el gobierno de ’73 y yo creo y Gelbard era expresión de eso. Después terminó mostrando su inviabilidad en esa instancia.

Obviamente, si se va a una alianza con la burguesía no se va a plantear su expropiación.

Hay que ver el momento en el que se está hablando. Si estamos hablando durante el ’73, no vamos a colocar el eje de la expropiación. Ya teníamos demasiados problemas. Lo teníamos en la agenda del día siguiente. Sí planteábamos el tema del monopolio estatal sobre el comercio exterior, etc. Lo que pasa que el ERP planteaba como contradicción principal proletariado-burguesía y nosotros nación-imperialismo. Nosotros no nos negábamos al pacto social. Lo que estábamos discutiendo era la hegemonía interna al pacto social. Esa es la discusión. No negábamos la construcción de un frente nacional. El tema es el rol de cada clase en ese frente nacional. En la medida que pase el tiempo, vamos atribuyendo mayor peso y presencia a los trabajadores en el frente nacional, planteando más claramente su necesidad de su hegemonía interna. Pero nunca planteamos que la contradicción principal, de esa etapa, fuera burguesía-proletariado.

¿Eso varió para ustedes en 1975?

No varió. Varió en la explicitación de lo que pensábamos del socialismo, pero no la contradicción principal. Después, en 1977, en Roma, incorporamos a la estructura de conducción a los viejos gobernadores, que son expresión de sectores de la burguesía provincial: Obregón, Bidegain, Martínez Baca, Cepernic. Estamos incorporándolos a ellos y planteamos la ampliación de sectores de clase, para tener una fuerza mayor para confrontar con la dictadura. Eso es en Roma, lanzamiento de la conducción unificada del Peronismo Montonero.

“A las Organizaciones Libres del Pueblo!” Poema peronista revolucionario De la CANTATA COMPAÑERA "NO NOS HAN VENCIDO!!!" LA SANGRE DERRAMADA NO SERA NEGOCIADA.”VENCEREMOS!!!" De cara a los 50 AÑOS del estreno en el Luna Park de la CANTATA MONTONERA de HUERQUE MAPU (1973-2023)

 






“A las Organizaciones Libres del Pueblo!”

 

 

Poema peronista revolucionario

 

De la CANTATA COMPAÑERA "NO NOS HAN VENCIDO!!!"

 LA SANGRE DERRAMADA NO SERA NEGOCIADA.”VENCEREMOS!!!"

  De cara a los 50 AÑOS del estreno en el Luna Park  de  la CANTATA MONTONERA de HUERQUE MAPU

(1973-2023) 

 

RECITADO:

“¡A las organizaciones libres del pueblo, con ellas,

Sin duda avanzaremos, sin duda lucharemos, sin duda venceremos,

Contra las transnacionales del miedo, primero la patria y el pueblo!

Contra las corporaciones del hambre, seguiremos la batalla!

¡Como el compañero Perdía, ayer, hoy y siempre,

Desde todos los frentes y con la frente en alto!

Por la segunda y definitiva independencia

De Nuestra América y la Patria.

 

Aun, asumiendo todas las contradicciones,

Decimos con claridad, basta para mi, basta para  todos y todas

 Los hijos e hijas de este pueblo!!!

  Superando nefastos momentos, paradigmas funestos,

Como aquel del colonialismo o del extractivismo
Mega minería asesina, desierto verde y glifosato,

Desigualdades sociales y de género, Qué horror!!!


Porque creemos, queremos y luchamos

Por una Patria libre justa y soberana

Construida codo a codo por el pueblo trabajador!

Democracia participativa,

Nacional y popular, inclusiva.
Multidiversa y pluricultural  

Hacia la liberación nacional y social.


Por la revolución y el socialismo de acá,

Por el que siempre el pelado y 30 mil cumpas han luchado

  30 mil razones nos seguirán alumbrando

Junto a las  Organizaciones libres del pueblo

Junto a ellas seguiremos marchando!
















“Al Compañero Perdía!!!” CHACARERA De la CANTATA COMPAÑERA "NO NOS HAN VENCIDO!!!" LA SANGRE DERRAMADA NO SERA NEGOCIADA.”VENCEREMOS!!!" De cara a los 50 AÑOS del estreno en el Luna Park de la CANTATA MONTONERA de HUERQUE MAPU (1973-2023) De FRANCISCO ALVERO, EL JUGLAR DE LA LIBERTAD

 







“Al Compa Perdía!!!”

CHACARERA 

Ay, ay, ay, no basta con gritar!  


De la CANTATA COMPAÑERA "NO NOS HAN VENCIDO!!!"

 LA SANGRE DERRAMADA NO SERA NEGOCIADA.”VENCEREMOS!!!"


  De cara a los 50 AÑOS del estreno en el Luna Park  

de  la CANTATA MONTONERA de HUERQUE MAPU 

(1973-2023) 

De FRANCISCO ALVERO, EL JUGLAR DE LA LIBERTAD 

 

Al Compañero Perdía, que podrán reprocharle?

Su compromiso gigante, Generación militante!!!

 

Juventud maravillosa, De Perón al Socialismo,

Huella profunda en la historia, utopía desafiante

 

De los errores se aprende y se triunfa, fracasando!

Solo hay que ponerle el cuerpo, igual que las y los compañeros!

 

Por eso te abrazamos, por eso te cantamos,  

Eterno comandante, Del pueblo sublevado!

Por jóvenes de siempre, seguido y admirado

  Tu firme compromiso, Tus ideales claros!

 

RECITADO:

“30.000  veces trazada,  Y no han podido ni podrán borrarla!

Aquella huella soberana, que avanza sin prisa, pero sin pausa,

Pues no nos han vencido! Y no lo harán jamás!

Como dicen los mapuches: 10 veces venceremos, 10 estaremos vivos!!

Marichi weu, compañeras y compañeros,

Por eso, luchando, triunfaremos, hasta la victoria final!

Orgas libres del pueblo! Resistir y luchar.

Si el pueblo dice basta, no hay más nada que hablar!”

 

Difamado por traidores, ya lo sabemos de sobra,

Quienes destilan su odio, como gorilas que son.


Quienes levantan todavía, aquella teoría fascista,

Del enemigo interno, de los dos demonios, qué horror!

Pero seguimos adelante, todas y todos los compañeros

 Avanzando por la senda amada, de Evita y del Che Guevara

 

Al compañero Perdía, o simplemente el pelado

A tus ochenta años, te seguimos admirando

Por tu compromiso  de revolucionario

Tu fuego militante que nadie lo ha apagado!







«Tratan de transformar en un hecho policial un aspecto de la lucha política». Entrevista a Roberto Perdía

  en El Aromo n° 45

Por Stella Grenat – El Aromo le acerca a sus lectores una entrevista a Roberto Perdía. El dirigente montonero discute acerca de la relación con Perón, la significación de los jucios actuales a militantes políticos de los ´70 y las conincidencias y diferencias con el PRT.

EA: Si bien es cierto que en la década del ’70, el contexto internacional ponía sobre la mesa la cuestión de la lucha armada y si bien es cierto también que ningún cambio profundo excluye algún grado de violencia, ¿no cree que, tanto Montoneros como el resto de las organizaciones armadas de esa época, pusieron el carro delante del caballo al privilegiar la cuestión militar sobre la construcción de la hegemonía política?

PD: Acá en nuestro país, por lo menos en ese momento, había un debate político ideológico bastante profundo. Estaba claro que estaban cerradas las vías tradicionales, estábamos en medio de un golpe de estado, una dictadura militar que aspiraba prolongarse por 20 años, etc. Omito todas esas consideraciones porque son de público conocimiento. En ese marco no había ninguna alternativa de lucha democrática tradicional. Y además había sido puesto fuera de la ley una gran parte de la población en su sistema de organización política y social. Recordemos la noche de los bastones largos, la prohibición y proscripción de los partidos políticos, etc. Lo que hasta ahí había sido una proscripción al peronismo y a una franja del movimiento popular, se transformó en una generalizada persecución al resto de la sociedad y el movimiento popular. Yo lo que digo en tono de sorna es que el golpe del ’66 democratizó la persecución política. Esa fue una de las razones inclusive del apoyo importante que tuvieron los movimientos político-militares de aquellos tiempos. Hecha esta aclaración, viene el tema de cómo se construyó eso. Cerrados esos caminos aparecía como una necesidad abrirlos de alguna manera. En la lucha de aquellos tiempos había dos componentes principales. Uno de corto plazo, que era la recuperación de un estado institucional, que el pueblo pudiera expresarse. Y, otra, la construcción de un modelo de sociedad distinta. Esos dos elementos estaban permanentemente en juego. Dentro de la necesidad de la organización, cómo se iba a dar, había dos tendencias predominantes. Una tendencia que planteaba la teoría del foco al estilo de Regis Debray y otra que colocaba el eje en la construcción política y, partir de ahí, superar políticamente los límites que el propio sistema ofrecía al avance de la lucha popular. Pero al lado de esa situación había también un compromiso de que la primera organización que se lanzara a la acción las demás la apoyarían. Todo esto tenía que ver con un agotamiento y cansancio de la sociedad y particularmente sus jóvenes frente al sistema imperante. Entonces, los análisis teóricos acerca de si primero correspondía la construcción política, después la acción armada y cuál es el sustento de uno u otro, es muy difícil hacerlo bajo esas condiciones. Yo creo fue más una acción muy guevarista, de voluntarismo político, que un análisis racional, o racionalmente concebido. Ese fue el punto inicial desde el cual se planteó esta organización. Pero ya planteada, yo creo que adquirió un apoyo de masas y fue siendo la vanguardia, dicho en términos reales, de organizaciones políticas muy importantes tanto en la izquierda como en el peronismo revolucionario. Y esas organizaciones políticas se las pudo verificar en los hechos de masas que se fueron sucediendo posteriormente y la vinculación de ese movimiento político militar con esos hechos de masas. Cuando hablo de esos hechos de masas, me estoy refiriendo a los grandes movimientos que hubo en la gestación del propio Cordobazo y en los resultados que después terminaron con lo que fue una gran victoria popular con, visto desde el peronismo, el retorno de Perón o, visto desde la sociedad, las elecciones del ’73, con un programa en ambos casos de contenido de avance hacia una forma de socialismo.

EA: Teniendo en cuenta el rol de dirección que le otorgaban a Perón, ¿había alguna posibilidad de que Montoneros consolidara esa hegemonía política?

PD: Yo creo que había una posibilidad. Lo que ocurrió tiene que ver con la propia relación con el imperialismo. Los movimientos dentro de cada territorio nacional están estrechamente ligados a la propia evolución de la relación de esa sociedad o de ese país con respecto al imperialismo. Estos movimientos se desarrollaron con fuerza en tanto y en cuanto el imperialismo pasaba por un período de debilidad que había nacido en el ’66, con los problemas en el medio oriente y el crecimiento notable del precio petrolero en medio de una dura política de acumulación económica centrada en el sector metal mecánico. Esa debilidad del imperio creo que permitió nuestros avances, el triunfo de Allende, el avance en la Argentina, el avance de los Tupamaros, los movimientos de militares nacionalistas en Bolivia. Se iban poniendo en jaque, si se quiere, las políticas producidas por el imperio. ¿Qué ocurrió con todo esto? El imperialismo, hacia los inicios de la década del ’70, comienza a resolver su situación. Podemos tomar como símbolo la decisión de Nixon cuando separa el oro del dólar y de alguna manera el dólar queda vinculado a la capacidad de la máquina de producir papeles, que tiene Estados Unidos. Y la política consecuente de un cambio de hegemonía del sector metal mecánico al sector financiero y la consecuente inundación del papel verde por toda nuestra región. Cuando esa ofensiva del imperialismo se desata por un nuevo control de los mercados, de las políticas y de las sociedades, nosotros recién estábamos llegando a ciertas cuotas mínimas de poder. No tuvimos tiempo de consolidar esas cuotas de poder. Entonces, es muy difícil decir qué hubiera pasado bajo otras condiciones. Yo pongo lo que podría haber pasado en consideración con la evolución de esta relación del vínculo entre la nación y el imperio. Si hubiéramos tenido más tiempo de consolidación hasta que el imperio recompusiera su situación, seguramente podríamos haber avanzado más. Avanzado más significa avanzar más en la organización social, en la construcción de un poder popular superior que permitiera disputar la hegemonía interna en términos más estructurales. Nosotros tuvimos en algún momento la hegemonía política en el país, en términos de movilización de masas, de presencia política en la calle, no en términos estructurales de control de sistema. Nuestra perspectiva de avanzar hacia formas sociales distintas, a construir un Estado de otra naturaleza o a cambiar el Estado en definitiva, estaban bastante lejos todavía. Y cuando podíamos ensayar algunos pasos en esa dirección, se produjo en definitiva la ofensiva imperialista. Nosotros algunas cosas de estas las tuvimos en cuenta. Por ejemplo, ninguno de los miembros de las conducciones de Montoneros participó en las elecciones del ’73 aspirando a un cargo electivo. Muchos podríamos haber sido diputados o legisladores nacionales o provinciales. No lo hicimos no porque no podíamos, muchos éramos legales y podríamos haberlo hecho. No lo hicimos por una decisión política. Porque dijimos: este es un Estado al cual tenemos que cambiar, modificar o transformar, con debates cómo sería, pero guardemos los cuadros de conducción para dar esa pelea y no en esta presencia electoral. Para dar esa pelea no tuvimos el tiempo suficiente. Y la pelea en los términos de la democracia liberal burguesa corrió la surte que te decía.

EA:¿Cuál es su balance de la relación que tuvieron con Perón? ¿Cree que fue un error grave la conciliación?

PD: No, yo creo que Perón fue el jefe del movimiento nacional, de un movimiento nacional policlasista, ambiguo y demás. En ese movimiento nacional, la expectativa era desarrollar las fuerzas políticas y sociales que permitieran avanzar. Nos encontramos con lo que manifestaba en el punto anterior, nos encontramos con límites temporales. Cuando nosotros teníamos un horizonte de avance de varios años, el horizonte de avance de transformó en pocos meses. Recordemos que en septiembre del ’73 se produjo el golpe en Chile y el triunfo en la Argentina se produjo en mayo, de modo que hubo escasos meses entre un hecho y otro. Ya se lo veía venir de alguna manera y después del golpe de Allende en Chile ya era mucho más claro. Ahí se profundizaron justamente nuestras diferencias con Perón, tiene mucho que ver con esta situación. Perón ante este planteo formula la idea de retroceder para evitar el golpe que se venía en Argentina. Nosotros planteábamos que había que avanzar en la organización popular de modo de tener mejores condiciones para resistir lo que pudiera acontecer. Entonces, hay dos momentos distintos. Hay un momento de acumulación de fuerzas, donde yo creo que la relación con Perón era en términos generales buena, donde las coincidencias eran mayores que las diferencias y hay una situación que después se cambia a partir de que el imperialismo recompone su situación, donde las diferencias pasan a ser mayores que las coincidencias. Entonces, si hablamos de relación hay que ver de qué momento estamos hablando. En el primer período, yo creo que Montoneros con su proyecto se desarrolló y avanzó en el peronismo, y avanzó en definitiva bajo la propia égida de la conducción de Perón, cosa que después se hizo insostenible.

EA: Desde la actualidad, ¿cuál es su balance o qué grado de seriedad le da hoy a la teoría del cerco?

PD: No, la teoría del cerco no fue una teoría que nosotros elaboramos y en la cual creímos. La teoría del cerco responde a una táctica de momento. Sabíamos nosotros que el problema era con Perón. Eso lo sabíamos y lo teníamos absolutamente claro. Lo que también sabíamos era que no debíamos, desde nuestro punto de vista, confrontar directamente con Perón. Por eso la teoría del cerco fue un mecanismo fabricado ad hoc para poder desarrollar un enfrentamiento sin que fuera evidente con Perón. Pero no fue una realidad que imagináramos que eso fuera así.

EA: Ustedes tenían ya esa percepción en ese momento…

PD: Sí. Cuando se planteó la teoría del cerco ya estábamos convencidos de eso. Al revés, Perón si buscó la confrontación, la reunión con los legisladores y demás. Perón busca la confrontación directa para hacer más rápido el enfrentamiento porque él sabía que en ese enfrentamiento él tenía, en la relación con las masas, mayor poder que nosotros. Sabía que si se dilataba esa confrontación se podía complicar. Nosotros lo que queríamos era evitarla, buscando rodeos que implicaran mantener nuestra política evitando la confrontación. El mecanismo que se nos ocurrió fue la teoría del cerco.

EA: Considerando la cuestión programática, ¿qué era el socialismo nacional para ustedes?

PD: Hay dos concepciones de socialismo nacional que fueron apareciendo con el tiempo. Una para Perón. Cuando Perón hablaba de socialismo nacional, y lo dijo, esto no lo estoy inventando, está en unos escritos de Perón, pensaba en Dinamarca, Noruega, Finlandia. Pensaba en los países de Europa del norte, que eran los países socialdemócratas más avanzados. Nosotros pensábamos en algo más próximo, no exactamente igual porque creíamos que la sociedad argentina no daba para eso, pero un socialismo latinoamericano, más próximo a lo que sería el proceso cubano. Con diferencias que significaban mantener la vida parlamentaria y de los partidos, no estatizar todo el sistema económico de un modo inmediato, sí garantizar la hegemonía de los trabajadores. Fue esa la razón, en definitiva, de la fuerte disputa con el aparato sindical. Nosotros demandábamos una presencia de los trabajadores en las decisiones mayores. Y para tener esa decisión mayor, planteábamos una reforma en el sistema legal de los sindicatos que permitiera que las nuevas camadas de dirigentes pudieran dar la pelea. Sabíamos que las viejas dirigencias no iban a dar esa pelea. Por eso había una situación donde se mezclaban dos elementos: el elemento del rol del sindicalismo, de un sindicalismo que debía transformarse en definitiva en el eje de la política de la acumulación en el campo del pueblo, por un lado; y por el otro lado, se planteaba el tema de que para hacer eso, se necesitaba tener una nueva dirigencia sindical, que nosotros pensábamos reunir con los compañeros de la JTP y otros grupos de izquierda con los cuales compartíamos algún ideario común sobre estos temas. Ése fue el choque específico con los sectores del aparato tradicional, con la burocracia sindical.

EA:¿Eran etapas distintas hacia una mayor participación?

PD: Además, desde qué fuerza lo podíamos plantear. Nosotros planteamos que lo primero que te níamos es una fuerza social más o menos importante, algunos gobernadores amigos, una fuerza territorial desplegada, pero a nivel de los trabajadores no teníamos una organización social sobre la cual sostenernos. Planteábamos que la estábamos construyendo y planteábamos un sistema que les diera a esos trabajadores una organización y una vida, una legalidad y una legitimidad, en el sistema institucional que le permitiera dar la pelea. Sin ese instrumento tampoco teníamos con qué darla. Habíamos llegado con la lucha armada, en definitiva, hasta un cierto punto donde nosotros no veíamos que tuviera sentido continuar la lucha armada bajo las nuevas condiciones. Entonces sí el eje fue puesto en la construcción de poder político. Ese poder político, el eje estaba puesto en la organización de los trabajadores. Inclusivo nosotros elaboramos en 1974 una cosa que denominamos “hipótesis de guerra”, que elaboramos para todas las regiones del país, en las 7 u 8 regiones en que se estructuraba el sistema político del país en ese momento, en cada región cuál era la hipótesis de acumulación principal de fuerzas, cuál era el sector social sobre el cuál nos íbamos a asentar, de qué manera, etc. Por ejemplo, las zonas del noreste no eran los trabajadores sindicalizados nuestro principal punto de acumulación, sino que era el campesinado del noreste porque en la estructura productiva del lugar, ese era el sector económico más importante. A diferencia de lo que era el núcleo central de acumulación política del país que era una estructuración que arrancaba cerca de Rosario, hasta La Plata, un poco más, todo el cordón del Paraná y del Río de la Plata, sobre el cual estaban asentadas la mayor parte de las industrias más modernas del país. Nosotros le agregábamos el sector industrial de Córdoba. Ese era un punto central de la acumulación política y de la organización social de los trabajadores. Ese era el eje sobre el cual planteábamos nosotros la estructuración del poder político. Esto inclusive determinó un poquito después, un año después, un serio debate con Rodolfo Walsh. Porque Rodolfo Walsh lo que plantea en sus escritos, plantea el tema que el error que se comete es que debíamos retroceder cuando se produce esta ofensiva imperialista y volver al movimiento peronista genéricamente visto, de alguna forma descentralizar todas las estructuras, volver al movimiento peronista, fundamentalmente en su estructura territorial, porque había un retroceso del nivel de conciencia y de organización de las masas producto de la ofensiva enemiga. Nosotros en ese momento, al revés de esto, lo que hicimos fue sostenernos y apoyarnos en la lucha de los sectores más dinámicos de los trabajadores, la industria química, los sectores ligados en la zona del Tigre a los astilleros, en las cercanías de La Plata las fábricas metal mecánicas, y obviamente los mecánicos de Córdoba. Y esos sectores en el año ’75, cuando el movimiento popular sí se estaba replegando, esos sectores planteaban seguir avanzando.

EA: Ahí ustedes tuvieron una presencia en las Coordinadoras…

PD: Una presencia muy fuerte. Esta era la avanzada social y política y pedían más. Hay un documento que por ahí lo pueden ver, en agosto del ’74 o ’75, estábamos en Córdoba, había una huelga del SMATA, donde hablan Salamanca, Firmenich y Tosco. Y mandan su adhesión a Atilio López que era vice gobernador. Yo lo publico en el libro, tomándolo del diario Noticias, donde Firmenich le dice a los trabajadores, eran 7 mil u 8 mil trabajadores que venían de la fábrica a escuchar los discursos, lo que pedían era respuestas a la burocracia sindical, pedían respuestas militares, Firmenich les dice: avancemos de a poco, organicémonos, no podemos avanzar a tontas y a locas. La idea era esa, de que debíamos avanzar en la organización popular y no tanto en acciones militares. Eso pasa en ese momento. Entonces, en el seno del pueblo hay como dos planteos distintos. Los sectores políticos más ligados al territorio, a las organizaciones territoriales, están en retroceso. Y los movimientos sindicales, en estos sectores, están planteando profundizar el proceso. Son los grandes movimientos que después terminaron con las coordinadoras y con lo que fue el rodrigazo. Nosotros asentamos nuestra construcción en esos sectores.

EA: Con respecto a su relación con las otras organización, un pequeño balance de su relación o su caracterización del PRT.

PD: Con el PRT hubo distintas situaciones. Hubo momentos de muchos acuerdos y momentos de muchos desacuerdos. Pero siempre en un marco de mucho respeto. Pensemos que eran organizaciones armadas, y uno sabe la experiencia que hubo en el mundo de esto, no hubo un solo caso de algún tipo de agresión entre estas organizaciones. Hubo debates. Dentro de esos debates hubo momentos donde teníamos acuerdos. Acuerdos muy fuertes en el momento de la lucha contra la dictadura. Tuvimos diferencias en los primeros meses del gobierno de Cámpora, donde nosotros no acordábamos con el planteo de mantener la acción militar. Planteábamos el tema de no desarmarnos, pero tampoco desarrollar acciones militares. Ellos plantearon el tema de no atacar al gobierno pero sí atacar a las fuerzas armadas. Nosotros cuestionamos ese planteo, porque inclusive dentro de las fuerzas armadas había políticas diferenciales que debíamos tenerlas presentes. Recordemos el tema del General Carcagno planteando que el enemigo no era el movimiento subversivo sino el poder económico trasnacional y lo planteó en la reunión de comandantes en jefe americanos. Nos parecía que esos eran datos importantes de la realidad. Además de unos acuerdos que estábamos desarrollando con serios problemas con los compañeros del PRT-ERP y con otros sectores inclusive peronistas, tales como Peronismo de Base. En ese momento fue un momento de mucha confrontación. Inclusive lo que fueron las primeras acciones militares, como algunas acciones en Sanidad, el regimiento de Azul y demás, pensamos que no eran operaciones que correspondían a ese momento. Además, de hecho, frente a cada acción militar del ERP, la represión o la respuesta se desataba sobre nosotros. O perdíamos un diario o la revista, los clausuraban. Entonces nos parecía que en lugar de contribuir a fortalecer a lucha y la organización popular, la estaba debilitando. Ese fue un momento de crisis muy fuerte que se fue saldando a partir de la muerte de Perón. Si bien hubo momentos que no acordábamos con la definición que tenía el PRT de Perón, inclusive el PRT encabeza la editorial del primer número posterior a la muerte de Perón, planteando una ofensiva revolucionaria, dada la desaparición de quien frenaba la lucha popular. Nosotros creíamos que era al revés la cosa. Tampoco acordamos en la operación de Monte Chingolo, la planteábamos públicamente, hay un debate público que se estableció en ese momento, pero a partir de ahí y a medida que nos íbamos aproximando al golpe, se fue produciendo un acercamiento entre nosotros. Al punto tal que poco después del golpe de estado, estábamos planteando la construcción de una sola organización.

EA:¿Cuál era la perspectiva?

PD: La perspectiva era la unificación de las dos organizaciones. Eso significaba unificarnos por fuera del peronismo. Hasta que hubo un detalle que nos impresionó muchísimo que esto venía a partir del momento en el cual el gobierno justicialista se fue transformando, en los últimos meses del gobierno de Isabel, en un poco la camiseta de los intereses de sectores pro imperialistas, hasta que esto llevó a una coincidencia mayor con el PRT-ERP. Pocas semanas después del golpe, nos encontramos con los compañeros que iban a las canchas de fútbol y traían los cánticos de la gente. Y hubo un cántico que nos impresionó muchísimo, que era algo así como: “con la puta y con el brujo comíamos que era un lujo, con el oreja corremos la coneja”. Es decir, el movimiento popular, los cánticos de la cancha, recogían por las figuras que usaban, la condena a López Rega e Isabel, pero la reivindicaban con respecto a Martínez de Hoz. Entonces hicimos la línea divisoria en la reivindicación del peronismo en su conjunto versus el golpe militar y Martínez de Hoz. Entonces volvimos a colocar el eje en la reconstrucción de ese peronismo. Ese fue un punto de diferencia en el cual se produce la ofensiva enemiga, el desquiciamiento nuestro y del ERP.

EA: Volviendo un poco a la actualidad, ¿por qué piensa que el tema Rucci se puso sobre la mesa ahora?

PD: Yo creo que sobre esto hay escalones distintos. Hay un primer escalón que tiene que ver con una política del imperialismo, que es la política de sancionar a todos aquellos grupos o corrientes que puedan ponerle palos en la rueda a la consolidación del sistema. Yo lo comparo con el decreto de Rivadavia de 1822, persiguiendo los “vagos y mal entretenidos”. Digo que esto es una persecución a los “vagos y mal entretenidos” del mundo, es una persecución global. Está la ley anti terrorista que la han sancionado en estos años, bajo un modelo planteado por el Fondo Monetario Internacional, “casualmente”, entonces queda claro esto. Esto en América Latina también se aplica, tiene como objetivo número uno la ejecución del “Plan Colombia”, pero creo que a todos los demás puede servir como antecedente. Este es el primer escalón, el más alto de todos. Un segundo escalón tiene que ver con la situación interna del país, con el problema de la política de derechos humanos y juicio a los genocidas. Entonces creo que hay una política orientada a un empate, a buscar empardar la situación y después resolverla pero a partir de un empate previo. Este empate supone meter a los protagonistas de la lucha social de los ’70 en el banquillo de los acusados para condenarlos, meterlos presos y después poder equilibrar la situación. Es la vieja teoría de los dos demonios. Un tercer aspecto, más inmediato, es la propia situación interna del gobierno. Sectores como el de Moyano, tienen puntos de confrontación con el gobierno, económicos, políticos, comerciales, y usaron este elemento como un elemento de contradicción interna para presionar sobre el gobierno. Son las tres escalas que avalan esta situación. Tratando de transformar en un hecho policial un aspecto de la lucha política de hace 30 años atrás. Donde además, creo que la situación argentina con el pasado de la lucha que hubo en el país no se remedia con leyes penales, se remedia de otra manera y con otros mecanismos.

EA:¿Qué perspectiva le ve en lo inmediato a esta maniobra?

PD: Yo creo que la maniobra va a continuar. Creo que el límite que la maniobra tiene es el desarrollo de la crisis mundial. Si la crisis mundial va arrastrando una situación donde el imperialismo quede muy debilitado, evidentemente no tiene posibilidades de gastar tiempo y cuadros y demás en esta persecución. Creo que lo fundamental va a ser eso. Si el imperio se recompone la va a seguir alimentando. Yo creo que lo fundamental depende de la correlación de fuerzas de lo que pasa en el mundo con la crisis que estamos viviendo.

EA: Dejando de lado la cuestión de quién cometió el asesinato de Rucci, ¿cuál es su balance de ese hecho?

PD: El balance de eso es que ahondó la diferencia que había en el seno del campo del pueblo, que ese ahondamiento de diferencias perjudicó al movimiento popular, perjudicó al movimiento revolucionario porque lo debilitó, porque había una posibilidad de avance que se venía produciendo y lo frenó y que en definitiva ese hecho perjudicó al movimiento popular, más allá de las diferencias que son claras, públicas y notorias respecto a Rucci.

EA: Y en el campo político, en el movimiento de lo que era Montoneros, ¿cómo fue percibido el hecho?

PD: En montoneros, en la masa de los compañeros, más allá de quien fuera la autoría del mismo, fue visto con alegría –dicho de alguna manera- aunque pese decirlo, pero fue visto así porque los compañeros venían confrontando directa y cotidianamente con las estructuras sindicales que les cerraban puertas, había persecuciones, etc. Recibieron ese hecho como un dato, de alguna forma, reivindicable. En ese marco de la lucha política existente.