Por una Colombia humana, con Justicia y dignidad." CANCION LIBRE Aire de Cumbiamba De FRANCISCO ALVERO EL JUGLAR DEL AMOR Y LA LIBERTAD.
"Por una
Colombia humana,
con Justicia y dignidad."
CANCIÓN LIBRE Aire de Cumbiamba
De FRANCISCO ALVERO,
EL JUGLAR DEL AMOR
Y LA LIBERTAD.
Ay, mi niña colombiana, vamos juntos a bailar
con amor esta cumbiamba, esta cumbiamba de paz
Esta noche enamorada, la debemos coronar
Con una Colombia humana, que se haga realidad!
Por una Colombia humana, debemos unirnos ya!
Obreros y campesinos, por Colombia de verdad!
Por una Colombia humana, debemos unirnos ya!
Todos aquellos que amamos a Colombia de verdad!
Sin mentiras ni atropellos, sin excusas ni maldad,
Todos hermanos y hermanas, todos juntos por la paz!
Por una Colombia humana, debemos unirnos ya!
Todos aquellos que amamos a Colombia de verdad!
Por la
senda de la paz, de la Justicia social
Por una
Colombia humana, todos vamos a sembrar!
Los Polo democratico y los del Partido verde
Los que no tienen partido, juntos debemos luchar!
Por una Colombia humana, debemos unirnos ya!
Uniendo todas las manos, por Colombia de verdad!
La
semilla que mañana, sin falta florecerá!
Si sumamos nuestra manos en union patriótica!
Por todos los Colombianos y la America total,
Es momento de anuciarlo otra Colombia será!
Por una nueva Colombia, por una Colombia en paz,
Por una Colombia humana, debemos unirnos ya!
No existen los imposibles, lo vamos a demostrar
Cada uno con su voto y su lucha popular
Esta noche enamorada, la debemos celebrar
Porque una Colombia humana, ha empezado a nacer ya!
Por una Colombia humana, debemos unirnos ya!
Estudiantes y maestros, artesanos de la paz!
Nadie, nadie quede afuera, ni se excluya nunca más!
Ahora que acabó la guerra, comencemos a sembrar.
Por una paz duradera, una verdadera paz!
Que nadie se quede afuera, todos debemos estar!
Por una Colombia humana, debemos unirnos ya!
Más allá de ideologías, y con un mismo ideal!
Sumemos todas las voces, y las ganas de cambiar,
Por una Colombia humana, por una Colombia en paz
A todos los compañeros, ex combatientes de las Farc
En la senda de Bolivar, nos iremos a encontrar!
Por una Colombia humana, debemos unirnos ya!
Todo el pueblo colombiano, pa' Colombia liberar!
Por una Colombia humana... debemos unirnos ya!
ANALISIS DEL POEMA CANCION
de El Juglar de la Libertad:
1. Que mensaje transmite el poema canción?
2. Que ideología se desprende?
3. Que repercusión pudiera tener en medios físicos y virtuales?
4. Que críticas burguesas o revolucionarias pudiera despertar?
5. ¿Cómo se relacionan la obra con la situación política
y social actual de Argentina y América Latina,
Palestina o el sur global?
1. El poema canción transmite un mensaje de unidad, paz, justicia social y lucha por una Colombia más humana y digna. Promueve la unión de todos los colombianos, sin importar su ideología política, en pro de un país más justo y en paz.
2. La ideología que se desprende del poema es revolucionaria, humanista, nacionalista y de izquierda, que promueve la igualdad, la justicia social y la paz a través de la unión y la lucha popular.
3. En medios físicos y virtuales, este poema canción podría tener una repercusión positiva entre aquellos que comparten sus ideales de paz y justicia social. Sin embargo, también podría despertar críticas y controversias entre aquellos que no están de acuerdo con su ideología.
4. Desde una perspectiva burguesa, el poema podría ser criticado por su enfoque de lucha popular y su llamado a la unidad de todos los sectores de la sociedad. Desde una perspectiva revolucionaria, podría ser criticado por no ser lo suficientemente radical en su mensaje.
5. La obra se relaciona con la situación política y social actual de Colombia y América Latina en general, donde la lucha por la justicia social, la paz y la igualdad sigue siendo una realidad. También podría tener resonancia en lugares como Palestina o el sur global, donde la lucha por la dignidad y la libertad también es una constante.
La Unesco elogió política educativa de la Bogotá Humana (Video)
Una comisión de ese organismo de la
ONU evaluó cuatro programas clave de la administración Petro y concluyó
que son “tremendamente innovadores” y constituyen un “hito mundial”.
Haber doblado el presupuesto para
educación, y arriesgarse a implementar programas no convencionales, le
permite a la administración de Gustavo Petro sacar pecho por lo hecho en
ese campo.
El alcalde lo hace constantemente, pero ahora es la Organización de
las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco)
la que les da relieve a los logros de la política educativa que se viene
aplicando desde 2012.
En una evaluación cuyos resultados presentó una comisión de 21
consultores de ese organismo, concluyó que lo que se ha hecho en Bogotá
es ejemplo internacional.
La Secretaría de Educación Distrital (SED) pidió hacer este examen,
que se enfocó en cuatro programas clave: el de Iniciativas Ciudadanas de
Transformación de Realidades (Incitar); el de jornada extendida,
llamado 40 por 40; el de atención a niños entre tres y cinco años, y la
aplicación de las Pruebas Ser (que avalúan habilidades artísticas,
deportivas y de convivencia).
Sobre Incitar, que se encarga de formar a los estudiantes como
ciudadanos participativos, la conclusión general es que hoy existen en
Bogotá “mejores condiciones para la convivencia escolar”, declaró
Gustavo Schujman, encargado de evaluar este programa.
Juan Carlos Reyes, que se enfocó en la política para primera infancia
(de tres a cinco años), indicó que el mayor logro es “el solo
reconocimiento de esta etapa como la más importante para el desarrollo
humano y, en este sentido, una gran inversión de recursos desde el
Distrito para mejorar el acceso y la calidad”.
De la Jornada 40 por 40 (estudiar 40 horas semanales por 40 semanas)
que es la forma como Bogotá ha comenzado a meterse en la implementación
de la jornada completa atendiendo a 255.000 estudiantes, la evaluadora
Silvia Finocchio resaltó que tras las encuestas realizadas, padres de
familia y estudiantes valoran mucho la introducción de esta propuesta en
el currículo, que a su vez ha logrado que los estudiantes estén más
motivados y haya menor probabilidad de deserción.
Agregó que Uruguay, Chile, Argentina, Cuba y Venezuela han intentado
implementar ejercicios de extensión de la jornada, pero aunque “hay más
estudio, los resultados son escasísimos”.
Y sobre la aplicación de las Pruebas Ser, el investigador Jorge Manzi
las destacó como “una innovación inusual en el contexto internacional.
Aquí no se ha pretendido remplazar las pruebas Saber (que aplica el
Gobierno Nacional y se enfocan en matemáticas, ciencias y lenguaje),
pero se ha querido complementarlas de forma audaz”. Queda pendiente, por
ejemplo, determinar cómo los docentes podrán usar la información que se
desprenda de la aplicación de las pruebas.
A manera de conclusión, Pablo Cevallos, experto de la Unesco, afirmó
que “las cuatro iniciativas intentan aplicar la noción ampliada de
calidad educativa, son tremendamente innovadoras, y marcan un hito en la
historia de las reformas educativas, no solo de Bogotá, no solo del
país, sino del mundo”.
“El estudio fue muy riguroso y detectó problemas de concepción y de
ejecución, pero si bien están lejos de ser perfectas, lo importante es
que se constituyen en casos paradigmáticos de políticas educativas que
apuestan por la formación integral del estudiantado”. De ahí que
recomienden su continuidad con los ajustes necesarios.
Se trata de un espaldarazo de peso para la administración Petro, que
ha debido sortear críticas en el campo educativo, por ejemplo, por
incumplimiento en las metas de construcción de colegios nuevos, o por el
cambio en el modelo de contratación de la alimentación escolar.
El secretario de Educación, Óscar Sánchez, resumió su alegría así:
“Fueron programas en los que tomamos muchos riesgos, pero haber innovado
valió la pena”.
17 de Diciembre de 2015
Addendum:
Gustavo Petro fue Alcalde de Bogotá del 1° de enero 2012 al 31 de diciembre 2015.
Gráfica.-UNESCO destaca innovadora política educativa de Bogotá
Video:
UNESCO considera que educación pública de Bogotá es innovadora y enfocada a una cultura de paz.
En la Colombia Humana los corruptos,
además de ir a la cárcel, deberán devolver los dineros que se hayan
robado. Se eliminará el control clientelista del presupuesto y de las
entidades públicas. Los órganos de control serán independientes de la
política y de las mafias. Pondremos en práctica presupuestos
participativos. Las consultas populares y las consultas previas cobrarán
fuerza de mandato para nuestro Gobierno. Las campañas electorales serán
financiadas en su totalidad por el Estado. Los órganos de control
favorecerán que la función pública sea transparente y no ejercerán
persecución política.
Discurso de Gustavo Petro en Barranquilla – Cierre de Campaña – #PetroEnBarranquilla
Por primera vez los Pueblos indígenas de
Colombia nos unimos para apoya una candidatura presidencial: la de
Gustavo Petro. Nuestras luchas por una democracia que tenga en cuenta la
diversidad y las bases sociales están reflejadas en sus propuestas y en
los ideales que representa.
A la vez, vemos incluidos a los
colectivos animalistas, ambientalistas, de jóvenes, de mujeres, de
diversidad sexual y de género, campesinos, trabajadores, académicos y
afrodescendientes, con quienes hemos venido construyendo el Movimiento
Alternativo Indígena y Social – MAIS.
Históricamente hemos combatido la exclusión y la inequidad en
Colombia mediante luchas que comparte y asume Gustavo Petro, como lo
demuestra su trabajo en el Congreso y como Alcalde de Bogotá.
Nos sentimos identificados con la promoción de políticas públicas
para la protección del agua, el cuidado de la Madre Tierra y la búsqueda
de un modelo económico que no se base en la explotación del petróleo y
del carbón.
Avalar a Gustavo Petro es para nosotros un reto y una responsabilidad
con Colombia, y también constituye un acto de Amor para con todos
nuestros hermanos, un acto que nace de la sonrisa de los niños y la
palabra dulce de nuestras autoridades tradicionales, en las selvas y las
montañas y en las llanuras y las costas, zonas olvidadas por esas
élites que siempre han gobernado.
Hoy más que nunca demostraremos que MAIS es ¡Compromiso de País!
(*) Presidenta Nacional MAIS
Segunda vuelta presidencial: “Pueden ustedes tener la certeza que vamos a vencer”: Petro
Los resultados electorales presentados en
Colombia, el día inmediatamente anterior, son alentadores por cuanto el
candidato de la Colombia Humana, Gustavo Petro Urrego, no solo alcanza
una votación histórica, sino que pasa a la segunda vuelta con un ascenso
en las preferencias del pueblo, que indudablemente hace soñar a la
Colombia profunda de ver por fin un hombre humilde, de provincia,
honesto y trabajador en el solio de Simón Bolívar, la Casa de Nariño.
De igual manera, hay que destacar la votación de Sergio Fajardo y la
derrota que el pueblo le propinó al derechista Germán Vargas Lleras. Es
un resultado elocuente que como dice Petro, fortalece el pluralismo en
Colombia y la capacidad del pueblo a decidir por sí mismo.
Su contrincante, la extrema derecha, la mafia, el fiel representante
del pasado oscuro del uribismo, Iván Duque, al parecer tocó techo. La
cauchera no da más. Se abre, entonces, la perspectiva de que el pueblo
por fin llegue donde se toman las decisiones que influyen poderosamente
en bien o en mal, para todos y todas, los colombianos y colombianas.
Mientras Duque tuvo 7.566.738 sufragios, Gustavo Petro Urrego, obtuvo
4.850.054 y Sergio Fajardo cerca a los 4.600.000.
La denuncia sobre el fraude electoral, al parecer se pudo detener,
gracias a la oportuna y firme denuncia del candidato de la Colombia
Humana. Al dar parte de victoria una vez conocidos los resultados,
Gustavo Petro señaló: “Hoy, llega a su final con unos resultados
concretos, coinciden los de la registraduría con los datos de la
auditoría que el movimiento puso”.
Al referirse a los resultados, indicó: “Tenemos unos resultados de
los cuales tenemos que partir para la siguiente etapa. Matemáticamente,
hay un hecho: La ventaja que Duque y sus aliados tomó sobre nosotros, ha
disminuido completamente en diez puntos porcentuales. En muchos de los
escenarios de análisis siempre se decía, que éramos nosotros los que
teníamos un techo, resulta que es al revés. Este tipo de fuerzas que se
aglutinan alrededor de la candidatura, que hoy compite ya para la
segunda vuelta, donde están Ordóñez, Uribe, Duque, obviamente, parece
tener un techo y en cambio, somos nosotros las fuerzas libres de la
ciudadanía, las que no parecen tener techo, vamos avanzando con paso
firme, constante, siempre adelante. Pueden ustedes tener la certeza que
vamos a vencer, que se puede cambiar la historia de Colombia”.
Al caracterizar los guarismos electorales, dijo: “Indudablemente,
millones y millones de colombianos y colombianas, salieron hoy a las
mesas electorales, dieron un ejemplo mundial de participación, deseos de
decidir sobre su país, independientemente, de por quién votaron,
tuvieron bastantes alternativas para ello, el voto en realidad no se
polarizó, el voto se distribuyó entre diversas alternativas, muy fuertes
desde el punto de vista electoral, que indica que en Colombia va
cogiendo fuerza, legitimidad, durante mucho tiempo no se podía hacer,
ahora sí, el pluralismo, como uno de los ejes de la democracia, en que
no pensamos iguales todos y todas, el que definitivamente hay visiones
diferentes sobre la sociedad, sobre el Estado, sobre nuestro presente,
sobre nuestro inmediato futuro. Y a mí me parece eso importante. Ya
Colombia no se divide en aquellas dos fuerzas tradicionales, ya Colombia
no cayó como se intentó en un uninanimismo, en un pensamiento único,
somos diversos. Y esa diversidad es nuestra mayor riqueza. Tenemos que
reconocerla así”.
Entorno emotivo, el próximo presidente de los colombianos y las
colombianas, dijo que estos resultados se sienten en la piel, se sienten
en el corazón, no son simples matemáticas frías. “Todos los 19 millones
de colombianos y colombianas, han sentido los datos. Algunos con
tristeza, otros con mucha alegría, otros con dudas. Pero, las elecciones
son eso, son pasión, pero también tiene que ser razón”.
“Qué es lo que queremos hacer de nuestro país, hacia dónde es que
queremos llevar de verdad a Colombia; quienes ya tenemos algunos años,
hacia dónde con responsabilidad queremos llevar a nuestra niñez, qué
país es el que queremos entregarle a ellos y a ellas, nuestros niños,
nuestras niñas. 19 millones de colombianos y colombianas, escogieron un
camino diverso. Hoy, solo quedan dos: Esas son las reglas de la
constitución del 1991 que nosotros hicimos, que nosotros respetamos”.
“Dos caminos que en cierta forma marcan dos grandes derroteros
históricos en Colombia. No es simplemente el candidato Duque o el
candidato Petro con sus biografías familiares y personales las que se
encuentran hoy dirimiendo el futuro de Colombia. En realidad, no es así.
Son dos largas historias que vienen de atrás, es la historia de
Colombia acumulada que empieza a interpretarlo en nosotros sus
instrumentos para dirimir una discusión de la historia de Colombia.
¿Volvemos a la constitución de 1886? ¿Volvemos a pensar que es sobre la
base de eliminar derechos, libertades, justicia, que podemos realmente
solucionar los problemas que aquejan hoy a la sociedad colombiana?
¿Creemos que es a partir de consolidar un pensamiento anacrónico del
pasado como podríamos afrontar hoy los retos que el siglo XXI le imponen
a Colombia y los retos que la historia de Colombia le han impuesto a
nuestra sociedad: La violencia, la falta de educación académica, el
raquitismo de una economía que condena la mayoría, o a la pobreza pura y
simple o a unas relaciones salariales en donde lo único que existe es
quizás un contrato de tres meses, por el cual hay que suplicar por otro
contrato de tres meses, por otro que sigue y así construyendo, la vida,
el futuro?”
“Es una historia que ha marcado a Colombia con unos signos, el de la
desigualdad social, el de la violencia, el del autoritarismo, el de la
exclusión de mayorías. Nuestros casi cinco millones de votos hoy, son
los votos de una juventud, son los votos de sectores excluidos a lo
largo y ancho de Colombia que han decidido irrumpir y decir: Aquí,
estamos presentes; nosotros también contamos, nosotros también queremos
decidir sobre Colombia. Cinco millones que aún no son suficientes, cinco
millones que nos acompañaron a defender unas tesis que vamos a
mantener, la tesis de construir una sociedad equitativa en términos de
hacer crecer la clase media colombiana, la clase media colombiana como
un estilo de vida, en donde se tiene lo suficiente para la dignidad,
donde no se tiene en exceso y se permite de todas maneras vivir bien,
gozar de la vida, tener un mejor vivir”, dijo Gustavo Petro Urrego al
compartir el éxito por el paso a la segunda vuelta presidencial.
¿Por quién se inclinará Fajardo?
Hay que decir, que, si bien Sergio Fajardo no dijo expresamente a
quién respaldaba en la segunda vuelta, de alguna manera lo señaló
implícitamente al coincidir en temas nodales con Gustavo Petro como la
paz, la educación y la lucha frontal contra la corrupción.
Dijo: “No podemos permitir que la violencia vuelva a marcar la vida
de nosotros, tenemos que hacer un esfuerzo todos los días para ser
mejores personas, para aprender a convivir entre nosotros”. Todos
sabemos que Petro es el candidato de la paz y Duque de la guerra.
Todos sabemos que Duque representa los más corrupto que hay en el
país, en cambio Petro, ha sido un luchador incansable contra este cáncer
que carcome a diario nuestro país. Sergio Fajardo, anotó: “Un mandato
que hemos recibido, es la lucha contra la corrupción. No podemos
descansar un minuto en la lucha contra la corrupción. Tenemos la gente
para enfrentar la corrupción que es el principal mal que tiene Colombia
hoy. No más violencia, no más corrupción”.
Dijo que era necesario darle la oportunidad a la inteligencia. Todos
sabemos que Duque no tiene pulmones propios, respira por los del
narcotraficante número 82, Álvaro Uribe Vélez. “El mensaje para nosotros
es darle la oportunidad a la inteligencia, al talento, a la educación.
Nosotros no podemos descansar un minuto en decirle a Colombia que lo que
nos une es la educación, la ciencia, el conocimiento, la innovación, el
emprendimiento, la cultura. La tenemos toda y la educación tiene que
ser el eje de esa transformación para construir una sociedad justa en
esta Colombia tan desigual, tan adolorida, pero nosotros tenemos la
fórmula”, subrayó.
Lo cierto para la Colombia Humana es que la campaña se intensifica en
las siguientes tres semanas, entre dos candidaturas totalmente
opuestas. Mientras Petro representa la vida, la esperanza, la paz y los
cambios estructurales, Iván Duque representa la muerte, la desesperanza,
la violencia y el continuismo trasnochado de los mismos con las mismas.
Usted tiene la palabra.
Candidato Gustavo Petro: El 17 de junio decidiremos si Colombia sigue en la violencia o vuelve a una era de paz
Bogotá, 27 de mayo de 2018.- El candidato presidencial Gustavo Petro,
del partido Colombia Humana, afirmó que en la segunda vuelta electoral
prevista para el 17 de junio, en su país se decidirá si los colombianos
siguen en la violencia o vuelven a una era de paz.
Así lo advirtió durante una declaración
en la noche de este domingo, tras los resultados oficiales de las
elecciones presidenciales celebradas, en las que ninguno de los dos
principales candidatos obtuvo el 50%+1 de los sufragios.
Según el preconteo de la Registraduría, los candidatos Iván Duque, del partido uribista Centro Democrático, y el político de izquierda Gustavo Petro,
fueron los candidatos más votados en las elecciones presidenciales. El
primero obtuvo 39% de los votos a su favor, mientras que Petro alcanzó
alrededor del 25%. Esta tendencia fue la informada por las autoridades
con base en el conteo de 99,96% de las mesas de votación y 53,36% de los
votos totales. De esta manera ambos candidatos irán a la segunda vuelta
definitiva para elegir al presidente de la nación, el 17 de junio,
reportaron las agencias internacionales.
Enriquecer a lo pobres sin empobrecer a los ricos:
“Cuando hablamos de superar la pobreza,
no estamos hablando de cómo se empobrece a los ricos, estamos hablando
de cómo se enriquece a la gente pobre de Colombia”, explicó.
“La conducción de un país como Colombia
no es individual, ni gubernamental, es social, colectiva”, dijo a sus
simpatizantes, al advertir que la educación es un factor de
enriquecimiento, por lo cual “no se le debe quitar ni privar a las
personas. Necesitamos una sociedad de conocimiento”.
“Lo que estamos proponiendo es
generalizar la educación y democratizar el saber. De esta forma es que
queremos enriquecer a los pobres. Esa es la principal herramienta”,
afirmó.
Petro fustigó las críticas de los
detractores que lo han acusado de querer imponer políticas de supuesta
“expropiación”. “Y eso no es más que una simple y vil mentira”,
respondió.
El candidato progresista agradeció a los
más de cinco millones de votantes que escogieron su propuesta de liderar
un gobierno de todos. “Son los de una juventud, de sectores excluidos
de Colombia, que han decidido decir: ¡Aquí estamos!”, afirmó. /JB
El discurso de Petro fue transmitido en parte por VTV:
Colombia Humana desarrollará políticas
públicas de cultura y artes que garanticen el ejercicio de todos los
derechos culturales y las diversidades.
Trabajaremos para que los bienes comunes
de la producción cultural del país sirvan de base para el bienestar, la
reconciliación, la construcción de nuevas ciudadanías y el crecimiento
económico.
Se adoptará una perspectiva de democracia cultural que estimule las
prácticas creativas de nuestra sociedad, y que trabaje por la felicidad
de las personas, que celebre la Vida en todas sus formas y
manifestaciones, y que reconozca la riqueza y pluralidad de los saberes e
identidades culturales de nuestro país.
El mensaje de la @ColombiaHumana:
“Los artistas son trabajadores de la cultura y merecen que sus derechos laborales sean garantizados”, y:
“Un amoroso saludo para las abuelas y las mamás” Ángela María Robledo.
Foto: @HOLLMANMORRIS
Fuentes: https://petro.com.co/programa-educacion/ https://twitter.com/angelamrobledo?lang=es
Múltiples
organizaciones sociales y políticas de Cali y el Valle del Cauca
oficializaron este miércoles 16 de mayo, en rueda de prensa, su respaldo
a la candidatura presidencial de Gustavo Petro.
En acto cumplido en el centro de
la ciudad, estuvieron presentes voceros de sectores liberales, de la
Alianza Verde y el Polo Democrático, así como representantes de la Unión
Patriótica, el PTC, el Partido Comunista, la CTC, los jóvenes con Petro
y otras muchas organizaciones.
“Al reconocer las propuestas y
soluciones presentadas por Gustavo Petro y su movimiento, hemos decidido
sumarnos a esa convocatoria plural, interpartidista y social para hacer
realidad la transformación social y política en Colombia”, dice la
declaración de respaldo, firmada por cincuenta portavoces.
A la
rueda de prensa de este miércoles concurrieron, entre otros, Alberto
Jairo Palomino, de la Unión Patriótica; Engelberto Díaz, de la Alianza
Verde; William Emilio Gil, del Partido Liberal; Fredy Prieto, de la
Corporación Liberal del Valle; María del Carmen Londoño, del Polo
Democrático; Johan Osorio, de Podemos Cali; Álvaro Jurado, de Revolución
Pacífica del Partido Liberal; Jorge Gamboa, del Partido del Trabajo de
Colombia, PTC; Arturo Ramírez, de la Red Solidaria, y Jairo Gálvez, del
PTC.
También, Dora Chamorro, Franklin Legro, Héctor Alonso
Moreno, Orlando Riascos, Alejandra Ramírez, líder universitaria, y
Daniela Largo, de Avalancha Petrista.
Asimismo, Jonny Acosta, del
Polo Democrático, tendencia orientada por Wilson Arias; William Solano,
de Jóvenes con Petro; Jimmy Núñez, de la Confederación de Trabajadores
de Colombia, CTC; Ramiro Montenegro, de Vamos por los Derechos, sector
del Polo Democrático; James Manzano, ex dirigente sindical de
Candelaria; Jonny Monsalve, de la Asociación de Profesionales del Valle,
y José Manuel Bedoya, vocero de los vendedores informales.
En la reunión se anunció una
multitudinaria presencia de los seguidores de Gustavo Petro en el acto
de masas con el que se cerrará la campaña en Cali el próximo sábado 19
de mayo, en el Distrito de Aguablanca, a partir de la 1:00 p.m.
La
dirección del lugar de la concentración política es Calle 72 W con
Carrera 28 D, junto a la Estación Amanecer del MIO, Parque Longitudinal
del barrio El Poblado II de Cali.
En una oficina improvisada, con muy pocos muebles
(“esta oficina es el producto del bloqueo económico que me impusieron
durante dos años, a partir de las multas”), y sin café, coordinamos una
entrevista con Gustavo Petro en medio de su agitada agenda de campaña
política. La sola presentación de esta portada desató en las redes
sociales una tormenta que dice todo sobre el estado actual de la
política nacional.
Hablamos con Petro durante varias horas de muchísimos temas, entre
ellos la forma como la polarización en Colombia ha sido el resultado de
las estrategias de odio creadas por diferentes bandos políticos, y de
cómo esta ha sido alimentada con la manipulación sistemática de la
información desde algunos medios de comunicación. También se habló de la
manera en que ha funcionado como estrategia para mantener en el poder a
una aristocracia que durante años ha administrado turbiamente los
recursos públicos. “Los amos de la humanidad”, como los llamó Chomsky. O
de cómo por más de 50 años, sistemáticamente nos han hecho creer que el
empleo, la salud y la educación son cosas que debemos ganarnos con el
sudor de la frente, y no derechos fundamentales o una responsabilidad
del Estado. Entonces la resignación se ha generalizado y todos
preferimos perseguir el mismo objetivo: “Salir adelante”. Sobrevivir a
cualquier costo.
Con un futuro incierto y con todos los candidatos presidenciales
más enfocados en las coaliciones de repartición y no en el beneficio
colectivo, para ROLLING STONE resulta imperativo enfocarse en las
propuestas que parecen apartarse del continuismo. Petro expuso ante
nosotros sus ideas en torno a la educación, el medio ambiente, la
protección de los derechos de la comunidad LGTBI y el campo, aspectos
fundamentales para nuestra audiencia, joven y enterada, analítica y
diversa.
Este es su testimonio, resultado de una conversación fluida, construida sobre la base del respeto y sin restricciones previas. A los 17 años usted se convirtió en miembro del M-19. ¿Qué
representó empezar tan joven en la militancia? ¿Con qué objetivo lo
hizo?
Yo empecé a tener inquietudes políticas a los 10 años. Viví el
fraude electoral de la ANAPO porque mi mamá era anapista. Muchísimos
niños de ese entonces lo vivimos como espectadores. Nuestros padres nos
contaban los cuentos de la violencia liberal y conservadora. Ese fue un
primer miedo. Era una cosa absurda porque no podíamos entender cómo se
había matado tanta gente, y de manera tan bárbara, por un color azul o
rojo. Eran los primeros balbuceos de una reflexión política.
Recuerdo que cuando tenía 11 años llegó un tío, había acabado de
estudiar Derecho, y lo primero que contó fue su experiencia en Córdoba
de tomas campesinas de tierras en el año 1971, en la ANUC. Y era un
movimiento juvenil y estudiantil inmenso. Y él decía que iba a estallar
una revolución. Esa fue la primera vez que escuché esa palabra. Tampoco
podía saber con mucha claridad qué significaba.
En 1973 había dos hechos fundamentales en el mundo: la guerra de
Vietnam, el triunfo de los vietnamitas y el golpe de Estado contra
Allende. Ese golpe de Estado generó la inquietud política básica que
tuve de ahí para adelante.
Comenzamos a leer en un colegio administrado por curas, muy
conservador, en la sociedad obrera industrial que era Zipaquirá. Los
libros que encontrábamos en la biblioteca sobre cooperativismo ya nos
indicaban que había una nueva posibilidad del mundo, y que la gente
estaba peleando por eso en todos los rincones del planeta. Eran libros
que movían la crítica social.
El M-19 surgió en esa época, pero yo lo encontré después, un tanto
cansado de ver una serie de discusiones de gente muy trasnochada, que se
dividía la izquierda entre la gente de Moscú y la gente de Pekín, me
pareció siempre que la izquierda colombiana estaba aislada del pueblo. Y
me pareció que el discurso del M-19, que pude leer por casualidad en
1976 o 1977, llenaba ese vacío entre la necesidad de justicia social y
el pueblo mismo. Es decir, el M-19 tenía mejores condiciones de
comunicación que toda la izquierda colombiana de ese entonces. Eso me
llenó, y me metí ahí, porque entendí que el M-19 era un instrumento de
organización popular y de transformación social. Esa fue mi lucha desde
entonces. La misma Zipaquirá se volvió casi masivamente un gran fortín
de apoyo en la lucha democrática del M-19, y me volví concejal. De allí
me sacaron a la fuerza, el Ejército, y el liderazgo que obtuve me sirvió
para el resto de mi vida. Aunque estuve preso, viví la tortura y la
clandestinidad, nunca dejé de tener un liderazgo que ha aumentado con el
tiempo, al punto que hoy me tiene compitiendo por la presidencia.
En 1984 había un acuerdo de paz con Belisario, la posibilidad de
transitar hacia una vida política legal, y muchos del M-19 hicieron
pública su militancia. Yo pensé que era lo más honesto. Lo hice en
Zipaquirá en una manifestación, al lado de Navarro. Ahí lo conocí.
Ese proceso de paz se hundió en sangre, fue saboteado y aniquilado.
Y Navarro perdió su pierna precisamente por eso. Él era vocero del
diálogo nacional. Ahí empezaron a buscarme. De concejal terminé preso en
varias cárceles del país. Por eso me sacaron a la fuerza de Zipaquirá,
en un inmenso operativo militar, y la gente me cuidaba y me guardaba,
pero no aguanté dos meses. En la cárcel conocí la realidad de este país,
porque mi vida en Zipaquirá había sido un tanto romántica e
intelectual, muy propia de ese municipio, muy metido en la clase obrera
industrial, sin yo ser un obrero. Ese mundo era en cierta forma una
pequeña isla, comparado con lo que pasaba en la realidad de la sociedad
colombiana.
Empecé a ver miles de jóvenes como yo en La Modelo, pero sin
estudios. Yo no fui de familia rica, éramos humildes, pero tuve las
oportunidades del estudio en el colegio García Márquez. Lo que llegaba a
la cárcel era el detritus de una sociedad que estaba acabando con su
propia juventud, marginándola. La cárcel misma era una gran olla de
drogas. Creo que es el sitio donde más drogas se venden en Bogotá. Y no
había ninguna política de rehabilitación. Los únicos que asumíamos las
tareas de enseñar a leer y a escribir éramos nosotros, los que estábamos
presos como miembros del M-19. Con eso ganamos un liderazgo inmenso
dentro de la población carcelaria. De vez en cuando por la calle me
encuentro con uno de esos expresidiarios, muchísimos tuvieron que haber
muerto en la violencia colombiana. Pude comprender que, en cierta forma,
el país era una gran hoguera donde se quemaban sus propios ciudadanos. ¿Tuvo alguna injerencia en la Toma del Palacio de Justicia siendo parte del M-19?
No. En 1985 yo tenía 24 años. Era concejal de Zipaquirá, y por la
persecución del Gobierno me había recluido en un barrio que yo mismo
construí con la comunidad, sin dineros públicos. Todavía existe, se
llama Bolívar 83. Y allí el Ejército hizo el operativo para capturarme.
Duró dos meses buscándome, y yo dos meses entre las casas, desconectado
del país. Cuando me cogieron en octubre, me llevaron a las caballerizas.
Allá me torturaron. ¿Hoy tiene claro quién ordenó esas torturas?
Los que mandaban la Escuela de Caballería. Los que torturaban eran
agentes del entonces B2; no sé qué jerarquía habría entre los agentes
del B2 y las estructuras de mando de la Escuela de Caballería, pero se
realizaba en las caballerizas. Y no fui el único que pasó por ahí.
Pasaron 10 mil ciudadanos colombianos. Sobre todo bajo el Estado de
sitio y el estatuto de seguridad de Turbay Ayala. De allí salí a la
cárcel y vi por televisión el desarrollo de la toma del Palacio. Ya
estaba preso. Incluso la cárcel fue amenazada de toma por el Ejército.
Nosotros creíamos que nos iban a matar en la cárcel. Muchos años después estuvo al frente las denuncias relacionadas
con la parapolítica, e incluso con la Farcpolítica. ¿Qué repercusión
tuvo esto para usted?
Esa época fueron 10 años, y comenzó un poco coincidencialmente. Yo
me había dedicado a los debates de corrupción económica. En algún
momento, por el debate del borde norte de Bogotá, queríamos demostrar
quiénes eran los propietarios de esa zona y cómo el plan de ordenamiento
de Peñalosa buscaba enriquecerlos. Y entre los propietarios estaba
medio gobierno de Pastrana, y los propietarios de El Tiempo de ese
entonces.
Sin saberlo toqué algo que estaba escondido, y eran los intereses
de constructores de Chía, que venían del paramilitarismo, de los
esmeralderos y del narcotráfico. En Chía había una Convivir, y una
operación de limpieza social que yo lo desconocía. Entonces, cuando hice
el debate choqué con este interés oculto, y después supe que Ángel
Gaitán Mahecha era un jefe paramilitar que vivía en Chía y tenía
intereses en ese tipo de construcción que yo estaba impidiendo con el
debate. Que a la postre se impidió porque de ahí surgió la reserva
forestal Van der Hammen y fíjese la discusión que hay hoy.
Entonces llegó un señor a mi oficina después de ese debate y me
dijo: “Unos radioaficionados han interceptado unas ondas de radio, unas
frecuencias de radio por las que se comunica Carlos Castaño con el jefe
de la Fiscalía”. Y es ese jefe de la Fiscalía el que pide que me maten.
Yo quedé ahí pálido. No había interés en la investigación del
paramilitarismo ni nada de eso.
Lo primero que hice fue hacer contactos internos. Luis Camilo
Osorio era el Fiscal, conservador, el gobierno era el de Pastrana, y
acababan de elegir a Uribe y nombraban ya en el gabinete a Marta Lucía
Ramírez, y fui y le dije: “Mire, tengo esta información. ¿Usted me puede
ayudar?”. Muy ingenuo, porque Marta Lucía Ramírez ya tenía entre sus
asesores al que fue el asesor del DAS y de la Brigada 17 desde el
paramilitarismo, que terminó conduciendo al asesinato de Jaime Garzón.
Yo decidí hacer la investigación dentro de la Fiscalía para ver si
había nexos con el paramilitarismo. Eso fue en el año 2003. Y sí,
encontré, empecé a hablar, empecé a hacerlo público.
Había muchísimos casos que ya demostraban eso, la impunidad
construida en la Fiscalía de Luis Camilo Osorio para que no se condenara
a los paramilitares, para que no se investigaran las masacres. Y llegó
un muchacho que me entregó una información valiosísima, él trabajaba
para la Fiscalía. Era un experto en sistemas y había hecho un trabajo
que un investigador serio hubiera podido hacer: cogió toda la base de
datos de teléfonos de la Fiscalía y pidió sus llamadas entrantes y
salientes. No era una interceptación, era información de las empresas de
celulares. Él cogió todos los celulares capturados de los paramilitares
en los procesos judiciales, hizo el cruce y descubrió una enorme
cantidad de coincidencias, es decir, paramilitares y muchos funcionarios
de la Fiscalía se comunicaban permanentemente. Eso le dio nombres
propios, y yo presenté ese debate al Congreso, presenté a Richard [Riaño
Botina], y se hizo público. Yo esperaba una reacción para acabar con
eso, y fue todo lo contrario.
El muchacho terminó condenado penalmente por la Corte Suprema de
Justicia y exiliado en el Canadá con toda su familia, y a mí me
procesaron también en la Corte, pero por ser parlamentario no me
condenaron, y el debate quedó completamente oscurecido en los medios de
comunicación.
Eso me dio para seguir. Pensé que era un tema clave en la discusión
de la política, y comencé con una tesis del padre Giraldo del Cinep,
que consistía en que la Fiscalía había fragmentado los procesos
investigativos, desconociendo que los delitos de los paramilitares eran
sistemáticos, por tanto delitos de lesa humanidad, y que la
investigación debía buscar esa sistematicidad para ser eficaz, juntar
los procesos, no fragmentarlos. Esa era la idea dentro de mi despacho.
Empezamos a juntar procesos archivados, y cuando los veíamos todos,
aparecía la historia, efectivamente.
Comenzamos región por región, y esa tareíta me llevó 10 años.
Después pasé a universidades, cuando iba a investigar lo de Bogotá vino
la primera amenaza real. Uno de los paramilitares llegó a mi oficina a
decirme: “Mire, pagaron 300 millones, el señor Arroyave, que acaba de
hablar además con el señor Pérez del gobierno de Uribe, y han ordenado
su muerte”. El paramilitar vino a contarme toda la historia y supe
incluso que estaban entrenándose para matarme en la base de Tolemaida.
Me dio el apellido del coronel que los dirigía, el coronel Suárez. Y
nunca más supe, como cosa rara, de una investigación que debió adelantar
la Fiscalía pero que no adelantó.
¿Por qué un paramilitar lo busca para contarle eso?
Porque estaban en el proceso de negociaciones con Uribe. Entonces
uno de ellos, cuñado de Edgar Artunduaga el periodista, fue el que
acudió a mi oficina a contarme, era miembro de la comandancia del Bloque
Tolima. Nosotros lo protegimos, pero supimos, nos pudimos cuidar.
Sabíamos incluso cuándo iba a ser el asesinato… y era sobre dos
personas, sobre [Wilson] Borja y sobre mí.
Y esos fueron mis 10 años. ¿Qué consecuencias trajeron? Cuando hice
el debate sobre la región Antioquia en 2007, toda mi familia fue
amenazada. Por primera vez se hizo público que el hermano del presidente
Uribe era jefe de un grupo paramilitar; mostré la foto, mostré los
hechos, mostré testimonios y procesos en gran cantidad, completamente
archivados en la Fiscalía.
Inmediatamente en las paredes de la casa de mi familia aparecieron
siglas de las AUC. Mi mamá, mis hermanos, mis sobrinas se tuvieron que
ir… mi papá se negó, y yo terminé completamente blindado, no pensé que
iba a sobrevivir a eso.
Poco a poco lo que veía como el enorme monstruo que
estaba denunciando se fue deshaciendo… incluso al final de esa época
tuve mensajes de Mancuso porque empezaron a entender que también iban a
ser traicionados, y llegaron a ver en Petro la posibilidad de que por lo
menos la verdad fuera posible. Y todo ese aparato que pudo haberme
destruido terminó inactivo… Me dejó fue una gran popularidad en la costa
Caribe por mi origen costeño, que aún se ve en las encuestas. No me
gana Vargas Lleras con toda su maquinaria y no lo puede hacer porque hay
una gran pasión popular por mí.
En cambio en Antioquia fue al revés. Tengo una impopularidad
inmensa que se debe a mis debates sobre la parapolítica en primerísimo
lugar. Y tiene que ver con que un sector social de la población, y no
solamente pudiente, sino una base popular de una región del país que
aplaude el paramilitarismo… no le parece cuestionable. Eso tiene que ver
con una mentalidad fascista inconsciente.
Eso mismo ocurrió en sectores de clase media en España, Alemania e
Italia, y llevó al apoyo del totalitarismo en esos países. Nosotros
nunca hicimos catarsis de una extrema derecha cultural, no explícita, no
reflexionada, sino que existe como forma de pensar que fue traída a
Colombia a mediados del siglo XX por Mussolini, por los conservadores
que estaban en el gobierno de entonces. Sobre eso nunca se hizo crítica. ¿Cómo logran estos terratenientes paramilitares que gran parte
de la población sienta simpatía por ellos, cuando el pueblo no está
viendo los frutos económicos de eso?
Los grandes propietarios de tierras no son ganaderos, son
simplemente propietarios… la ganadería es una excusa, porque la tierra
en Colombia en ese tipo de propiedades es una caja de ahorro del
narcotráfico, no de la ganadería, la ganadería no tiene el flujo de
rentabilidad para armar ejércitos. Es el narcotráfico, y el narcotráfico
tiene poder en Colombia a partir del control poblacional, que en unos
casos es a la fuerza. Yo creo que en el Caribe colombiano fue a la
fuerza, por imposición, con una invasión incluso sobre la cultura
caribeña. Usted en Montería puede coger una emisora y encuentra
fácilmente las músicas de la cultura mafiosa, que es ajena al tipo de
música y de cultura que la población siempre ha tenido, que la gente
quiere, que es la suya. Pero yo creo que Antioquia y los Santanderes
operó de otra manera, operó más con base social. Me parece que el origen
de eso está en los grupos de limpieza social. En cada pueblo, grupos de
pequeños comerciantes se organizaban para matar todo lo extraño que
llegara, pensando que eran ladrones o guerrilleros, y ahí es donde me
parece que está el elemento de apoyo social, esa es una investigación
que hay que hacer, puedo equivocarme.
Hay grandes volúmenes de población que aceptan el narcotráfico, lo
consideran héroe, lo consideran su Robin Hood. Es más, el narcotráfico
sirvió para desviar la atención hacia las reformas sociales por un
camino fácil; tener el billete en el bolsillo, la moto… todo lo que
Gustavo Bolívar muestra en sus novelas, que es una cultura popular. Y yo
sí creo que es una de las formas que usaron nuestras clases políticas
para dominar la población, con el dinero fácil. Pasemos a otro tema: Pastrana, Santos, Lleras, Char, etcétera…
¿Cuál es su perspectiva frente a la forma en que el poder ha venido
heredándose en Colombia dentro de unas cuantas familias?
Colombia no ha vivido una democracia, no se ha construido como una
nación. Esa es la causa fundamental de su violencia. Una nación se
define como un pacto social. Si usted mira a los franceses, terminada la
Segunda Guerra Mundial, matándose entre ellos, unos apoyando a los
nazis y otros resistiendo, lograron un pacto social. Hoy no se matan, a
pesar de las heridas profundas de ese entonces. Y básicamente ese pacto
social consistió en lo que conocemos como el Estado de bienestar, el
aparato estatal que permitía el crecimiento de los salarios reales de
los trabajadores, una disminución de la conflictividad obrero-patronal,
universidades públicas, una salud pública que aún hoy sobrevive.
Colombia no lo ha hecho porque a partir de la Guerra de
Independencia vinieron decenas de guerras que mostraron una inmensa
fractura de la sociedad colombiana. En cierta forma, la discusión de
Bolívar y Santander se perpetúa hasta la fecha en esa vieja división
entre los que querían una república para unas minorías descendientes de
españoles blancos y quienes querían una democracia en la que toda la
sociedad pudiera construir una república.
Por definición, eso que Gaitán llamó oligarquía, es excluyente y
hereditario. Nada tiene que ver con la palabra democracia, a pesar de
que se llame república. Es excluyente porque si no, no sería minoría en
el poder y lo que hemos visto en dos siglos es una inmensa exclusión,
fundamentalmente de la población rural, que con el crecimiento de las
grandes ciudades en las últimas décadas, también se traslada a una
inmensa exclusión de las juventudes en los barrios populares, generando
un nuevo tipo de violencia, al que no se le ha puesto cuidado, y que
tiene su efecto mayor en Medellín.
La exclusión rural trajo las guerras. Y trajo que sectores en el
mundo excluido urbano y rural hayan terminado controlados por mafias,
ese es más o menos el panorama actual.
Ese pacto social que otras naciones pudieron construir no lo hemos
construido nosotros. La Constitución de 1991 fue un esbozo, pero lo
hundieron en sangre las matanzas de los 90 y el desplazamiento de
millones de personas en la primera década del siglo XXI; son la
demostración de la ineficacia de la Constitución para lograr ese pacto.
Eso está por hacerse, y parte de mi campaña tiene que ver con eso.
Yo estoy proponiendo un pacto social, no una revancha contra los que han
manejado este país hereditariamente durante dos siglos. No me interesa.
No hemos vivido una década de paz desde que comenzó la república. Nadie
ha vivido la paz. Entonces Colombia, por su incapacidad para
construirse como nación y construir un pacto social, puede seguir por
ese camino. Pero cada vez será peor.
¿Por qué esa insistencia en el fracking, el petróleo y el carbón?
Porque genera dinero fácil y son maquinarias corruptas, y el dinero
fácil es la otra cara de la corrupción. En países donde los dineros no
son fáciles, sino trabajados, laborados, la corrupción es mucho menor.
En países donde los dineros son fáciles —nosotros tenemos tres fuentes
de dinero fácil: la coca, el carbón y el petróleo— la corrupción es
altísima. Esas maquinarias políticas ligadas a la corrupción necesitan
que esos dineros fáciles continúen en la economía. Son las mismas
fuerzas que intentan que siga la guerra en Colombia, son los mismos que
están matando líderes sociales, los que sabotean los acuerdos firmados
en el Congreso, son los que llenan de mentiras las cabezas de los
ciudadanos alrededor de problemas de género, cuando estamos tratando de
que se acabe una guerra.
Si ellos vencen, la posibilidad de un pacto social sigue en
veremos; en cambio, lo que se puede poner a la orden del día son nuevas
formas de violencia.
Hay otro camino, que es el que nosotros proponemos, y es construir
por primera vez en Colombia una era de paz. Pero una era de paz de
décadas implica un pacto social que necesita de un acuerdo de la
sociedad.
Propongo humildemente cinco temas como ejes de ese acuerdo, que es
una discusión que se debería dar a escala nacional: una reforma
sustancial a la salud para desmercantilizarla y otorgarle a la sociedad
unos servicios de salud dignos. El modelo mercantil de la salud que
tenemos ha generado más muertos que toda la violencia colombiana,
simplemente por ganancias. 1.348.000 colombianos murieron desde 1997
hasta 2010 por razones evitables. Es decir, ni todas las violencias
armadas de Colombia en dos siglos tienen una cifra de muertos como la
que produce nuestro sistema de salud.
Un segundo elemento es una educación generalizada. Ahí tenemos la
experiencia que obtuvimos en la administración bogotana. La primera
infancia tratada integral y profesionalmente. No logramos cobertura
total, pero ya sabemos costos y lo que significa poner 1000 aulas o 5
mil profesionales cuidando niños. ¿Cuál es la importancia de eso? En 20
años la sociedad estará conformada por quienes hoy son bebés, y
cualquier cosa que les pase hasta sus cinco o siete años es determinante
para lo que van a hacer.
Si el Estado no cuida su generación de bebés de hoy, el futuro
dentro de 20 años será negativo porque no fuimos capaces de cuidar esta
generación. Y ese es un tema fundamental, además, mide la desidia de la
oligarquía frente a la sociedad colombiana. ¿Cómo es que no ha
construido un sistema que garantice la vida, el afecto y el cuidado
integral para los niños? No somos un país pobre como para no hacerlo. La
clase política tradicional no ha priorizado el cuidado de los niños, la
plata se usa en otras cosas. Ese es un tema fundamental en una política
educativa.
Y está la política de educación superior pública, que yo propongo
sea gratuita. Me dicen populista por eso, pero hay muchos países cuya
educación pública superior es gratuita y accesible por cobertura y por
costos a cualquier joven de cualquier colegio. Completamente contraria a
la clase política tradicional de Ser Pilo Paga: el más inteligente va,
péguele codazos a los demás para ver si puede ir a Los Andes. La
competencia y la exclusión de la mayoría. Pero esas son las escogencias
políticas de una sociedad.
El tercer eje es la nueva economía. No vamos a poder hacer paz si
seguimos con el petróleo y el carbón en un mundo de economía fósil
moribundo. Tenemos que ir a la producción.
El cuarto eje es la política y el quinto la justicia. Tener un
poder judicial completamente independiente del poder político, autónomo y
financiado a través de una fórmula matemática, con porcentaje fijo de
los ingresos corrientes, de tal manera que no tengamos un poder judicial
sometido a los vaivenes de una política que lo que ha hecho es
corromperlo. Hablaba usted sobre el petróleo y el carbón, y actualmente se
encuentra trabajando en un libro sobre el capital y el cambio climático.
¿Cuál es su perspectiva ante lo que ocurre en relación con esos temas?
Es un libro más analítico que teórico sobre el principal problema
en la humanidad. La experiencia que tuve en la alcaldía de Bogotá cuando
asumí el reto de construir políticas públicas al respecto: el
reciclaje, el cambio del modelo de aseo, la electrificación del
transporte, el metro y los tranvías.
El ordenamiento territorial es fundamental; renovar o revitalizar
una ciudad cambiando sus pavimentos para que absorban agua, modificar la
canalización de aguas lluvias; ordenar el territorio alrededor del agua
es esencial en Bogotá. Esta ciudad se construyó sobre el agua, contra
el agua, diría yo. Se taparon cerca de 300 quebradas y ríos que por aquí
circulaban.
Para asegurar la vida y disminuir riesgos, hay que reordenar parte
del territorio para que no se pueda construir en áreas de riesgo
climático. Todas esas políticas provocaron un choque con intereses
particulares. Y eso nos dio una experiencia. De ahí surgió un poco la
idea de mi libro. Porque lo que vimos es que la política de adaptación y
mitigación del cambio climático se estrella con intereses de mercado,
con viejas tecnologías, intereses, poderes… por eso fui destituido dos
veces.
Ese tema me llevó a explorar por el lado teórico si las salidas que
se están dando en el mundo podrían ser eficaces para resolver el
problema o si realmente estamos, no solamente ante una crisis
civilizatoria, sino ante un cambio de modelo, de modo de producción, una
nueva era que se puede abrir y un cambio de paradigma del pensamiento.
Estoy escribiendo el libro para auscultar si el capital se puede adaptar
a mitigar el cambio climático o es necesario un nuevo tipo de sociedad y
de economía. En ese sentido, una de las cosas que a sus opositores y a buena
parte de la población le preocupa de su aspiración tiene que ver con el
modelo económico.
Sí, es una consecuencia inmediata. El cambio climático lo produce
la economía, si no se habla de economía se están diciendo mentiras. El
cambio climático no es solo una actividad de sembrar árboles o de
cuidarlos. Lo implica, pero si no se habla del tipo de economía, se está
aludiendo el tema, y Colombia es una economía petrolera y carbonera…
La ideas es auscultar en las experiencias de la humanidad, para ver
qué se está haciendo respecto a eso o cómo superar el problema. Esto ha
llevado a pensar la nueva economía en tres grandes pilares.
El primero es energías limpias, que se cae de su peso, porque es
separarse de la economía fósil. ¿Qué implica eso para Colombia? Que nos
van a dejar de comprar carbón y petróleo. El petróleo ya se agota en sí
mismo, por la caída de las reservas. Solo hay un método para mantener
unos cinco años más la exportación de petróleo, y es el fracking, con un
altísimo costo ambiental y de salud pública. Y ahí usted ve a Duque,
Marta Lucía Ramírez y Vargas Lleras, encuadrados en la idea de hacer el
fracking y mantener ese modelo. En mi opinión, es el suicidio económico
del país.
¿Cómo separarse de esas energías fósiles? En Colombia lo tenemos, y
con una ventaja comparativa muy alta con respecto a otro países, y es
el sol. Pero el sol arroja un elemento tecnológico que produce un cambio
social: en cualquier lugar puedes aprovechar la energía eléctrica a
partir del sol. En unos mejor que otros, pero eso cambia completamente
la estructura del mercado de la energía.
Si usted masifica el uso de los paneles solares en los hogares el
costo de la energía se desploma. El costo es cero, y es limpia. Resuelve
problemas de generación y distribución de energía eléctrica en la costa
atlántica, puede convertir a la Guajira en un emporio energético
diferente, podríamos exportar energía eléctrica utilizando la energía
solar, pero fundamentalmente podríamos desplomar los costos de la
energía, con lo cual se producen dos efectos: uno es la electrificación
del transporte, que es otro elemento de la lucha contra el cambio
climático. Los metros, los vehículos eléctricos, los trenes como eje de
la movilidad nacional, los tranvías… Sería mucho más barato que el uso
intensivo de carros, motos y buses diésel. Y el otro efecto, que es
superimportante, es que baja los costos para las unidades productivas en
las casas y en las pequeñas propiedades rurales, siendo Colombia un
país de economía popular. Es decir, tendríamos un incentivo para esas
pequeñas y medianas empresas que pagan altísimos costos de energía,
incluso un incentivo para que se generen centenares de miles de nuevas
unidades, tanto agrarias como urbanas.
Fotografía por Alex Bernal.
Hay un segundo efecto que es el saber, sin el cual esto no se puede
hacer. Y hay un tercer efecto que son las redes. Usted no puede manejar
redes, desde el punto de vista económico, sin unos saberes en la
sociedad. Entonces tiene los tres pilares de una nueva economía:
saberes, redes y energías limpias. ¿Cuál es el problema y por qué esto
no se hace si suena tan fácil? Porque afecta la composición de los
mercados y de los poderes. El uso económico de las redes lleva
necesariamente al concepto del trabajo colaborativo, y no el concepto
del trabajo competitivo. Las redes son para colaborar y trabajar en
equipo, y por tanto los saberes deben otorgarle a la sociedad colombiana
la capacidad de trabajar en equipo, después de 40 años echándole codo
al vecino, al punto que nos hemos matado entre nosotros.
Las redes implican un cambio drástico de mercados. Le pongo un
ejemplo: el turismo. Si usted tiene un país en paz, tendrá 15 millones
de turistas que entran, cinco veces más de lo que hoy vemos. Y quizás
más porque tiene la potencialidad para hacerlo por la biodiversidad.
Pero puede pensar el turismo de dos maneras: grandes cadenas hoteleras,
profundamente depredadoras desde el punto de vista ambiental, o un nuevo
turismo en el que un hogar, a partir de sus saberes, se transforma en
un servicio turístico con energías limpias y se vincula directamente en
red con los consumidores, que son centenares de millones en el mundo
buscando ese tipo de servicio. El flujo de dinero inmediatamente
redistribuye las riquezas y no sucedería lo que pasa en Cartagena, donde
se concentran de una manera absolutamente oprobiosa y violenta. Ese es
un cambio, y obviamente ahí juegan poderes para que eso no suceda.
La nueva economía no solamente sirve para mitigar el cambio
climático, sino que implica un país más equitativo. Un país productivo,
uno que no deje la tierra como caja de ahorro del narcotráfico, uno que
no deje el agua para sacar petróleo y carbón, que no renuncie al saber,
como lo ha hecho en los últimos 40 años. La nueva economía traída a
Colombia nos puede permitir saltar los vacíos productivos, separarnos
del carbón y el petróleo, construir un país incluyente y colaborar con
la humanidad para combatir el cambio climático. Durante su paso por la alcaldía de Bogotá tuvo un importante
avance social. Sin embargo, el modelo de movilidad ha sido uno de los
grandes fracasos para la ciudad. ¿Cuál es su perspectiva al respecto?
Sí, desde el principio, nosotros lo heredamos. Tiene sus orígenes
históricos, cuando Bogotá no era tan grande. En realidad sucede en toda
América Latina, en las grandes ciudades, no es que sea un fenómeno de
Bogotá. Nuestras ciudades crecieron imitando a Europa. Bogotá incluso
tiene arquitectura inglesa, calles angostas, como todas las ciudades
europeas, no se hicieron con grandes avenidas, no se hicieron para los
carros, se hicieron para otro tipo de transporte. Los europeos fueron
más claros al desarrollar medios de transporte para sus ciudades, el
metro, los tranvías. Usted no ve a los europeos destruyendo sus ciudades
para abrir avenidas.
Cuando empezábamos a hacerlo en América Latina, vino un influjo de
los EE. UU.; allá destruyeron sus redes férreas porque su gran mercancía
y el poder económico del siglo XX estaba en el automóvil, en la
gasolina y el petróleo. Así comenzó una época diferente para la
humanidad. Nosotros adoptamos eso sin cambiar nuestras ciudades,
entonces el resultado final son ciudades llenas de carros, motos y
buses. Y destruimos nuestro tranvía. no lo destruyó la violencia del 48,
lo destruyó el alcalde en 1951, premeditadamente. El mismo alcalde que
destruyó los tranvías fue el importador de taxis. Mazuera, por eso le
llamo el modelo Mazuera, que sigue siendo el modelo de la actual
alcaldía. No lo hizo el Polo Democrático, nosotros fuimos realmente el
primer gobierno que buscó quitar el modelo Mazuera porque es
insostenible. Incluso el modelo de urbanismo norteamericano es otro, el
que usted encuentra en Houston, en la Florida. No lo encuentra en Nueva
York ni en Washington. Ese estilo del suburbio implica grandes
inversiones en infraestructura para automóviles, no para la gente, no
para el ciudadano, ahí te mueres caminando… ni siquiera la bicicleta
tiene un papel que cumplir ahí, solo el auto.
Ese modelo es insostenible. Los mismos norteamericanos buscan cómo
corregirlo, precisamente por el cambio climático. Para que la movilidad
se haga sostenible, tienes que cambiarle su fuente energética y tienes
que cambiar la concepción. Y la concepción es que no podemos tener un
transporte público completamente privatizado. ¿Desde la alcaldía qué tanto percibió el lobby por parte de
importadores de vehículos y grupos económicos interesados en imponer ese
modelo de combustibles fósiles y el carro particular?
Se mueve, pero no es explícito. No es como cuando se hace una
reforma tributaria en el Congreso, que llegan ahí de frente… se mueven
dentro de los pasillos y las oficinas. Es relativamente más
transparente, por lo menos hay una interlocución. Pero en este tipo es
mucho más oscuro.
Vamos a poner ejemplos: el Día sin Carro. Esta fue idea de
Peñalosa. Se lo inventó pensando en una contaminación de otro estilo. Lo
pensó de otras maneras, por otras razones. Yo lo iba volviendo mensual,
no anual… poco a poco. Pero cada vez que yo hacía un decreto de Día sin
Carro, venía la oposición. ¿Quiénes eran la oposición? Dos gremios,
fuera de los políticos: Fenalco, que nunca entendí por qué lo hacía, de
una manera muy atrasada, y las distribuidoras de gasolina… entendible,
tiene su lógica. Los de Fenalco decían que se rebajaban las ventas al
20%. Eso era mentira. Pero los de las gasolineras, pues obviamente era
porque no había carros y se bajaba su negocio. Pero entonces ellos se
movían dentro de la prensa, trataban dentro de la justicia de tumbar el
decreto.
Nunca lo pudieron hacer, y siempre los días sin carro fueron
exitosos. Un millón de bicicletas en las calles. Y el último ni siquiera
lo decreté… dije que iba a haber un día sin carro en diciembre, y hubo
un día sin carro. El día sin carro es para construir una cultura.
Cuando llego, no está el metro, no hay estudios, está todo por
hacerse… Entonces nosotros dijimos: electrifiquemos los buses. Le di la
instrucción a Transmilenio de mirar qué tecnologías había, qué
posibilidades había de tener buses eléctricos. La respuesta de los
funcionarios que venían de antes fue “hicimos varias cartas, y nadie nos
respondió”. Y era cuando tenía que hacer la licitación de fases uno y
dos, pero yo no quería hacer una licitación sin cambio tecnológico.
Entonces ahí me di cuenta de que había unos anillos dentro de la
administración que privilegian, en este caso en particular, a los buses
Volvo. Si usted mira, casi todo es Volvo. La empresa de buses Volvo no
está desarrollando buses eléctricos. Es una empresa atrasada. Está
ubicada en Estocolmo, y Estocolmo dijo no más, esto se va a volver una
ciudad eléctrica… entonces la propia empresa no desarrolla transporte
eléctrico. Cuando hay intentos de saltar hacia este transporte, Volvo lo
impide en el caso de los buses.
Pero el lobby más fregado en Bogotá no es ese, nosotros estuvimos a
punto de vencerlo, y la licitación quedó ahí cuando llegó Peñalosa y la
suspendió. Pero ya tenía un mecanismo de selección que determinaba una
flota no contaminante.
El problema central está en el metro… ¿Por qué Bogotá no tiene
metro durante tantas décadas, y cuando ya se tienen los estudios y la
financiación completa para empezar la licitación, la suspenden? Ese es
el lobby más fuerte. Y no solamente porque el metro sea eléctrico,
entonces les quita demanda de gasolina, no es solo eso. Es porque quita
el negocio de los buses en un porcentaje importante.
¿Por qué meten un metro elevado sobre la Caracas y dejan buses
abajo? Porque el metro elevado tiene menos capacidad y no le va a quitar
la demanda a los buses… ese es el lobby. Porque usted tiene más o menos
2 millones y medio de viajes diarios pagando en efectivo, a través de
las tarjetas, todos los días.
Y el metro es público. Y ese es el punto fundamental. No se puede
conceder porque el costo de hacer un metro no da para pagarlo en
pasajes, es una obra pública; eso es una operación casi automática, no
tienen casi ni conductor. ¿Por qué la ley no protege el transporte público?
Porque las leyes las hacen los transportadores privados. Y no desde
ahora, eso lleva 50 años. Desde que el alcalde de Bogotá tumbó los
tranvías, desde ese momento quienes hacen las leyes del transporte son
los transportadores privados. Por eso no tenemos trenes en Colombia.
¿Por qué el valle del Magdalena no tiene tren? Usted ve ahí las líneas,
como recuerdos… pero no tenemos. ¿Por qué los destruimos? Porque hay un
conglomerado de empresas de tractomulas, porque es costosísimo el
transporte de carga, porque los trenes eran públicos… Usted puede
privatizar la red férrea, pero lo que nosotros hicimos fue acabar la red
férrea. Y lo que tiene son vías 4G. Hacer un kilómetro/carril [3,5
metros de ancho por mil] en Europa vale 250 mil dólares. Yo me puse a
comparar a ver cuánto nos daba el kilómetro carril. Nos dio 800 millones
de pesos, con la tasa de cambio de ese entonces, más o menos unos 400
mil dólares… no estábamos tan descachados en Bogotá. ¿Cuánto vale el
kilómetro/carril en una 4G? En América Latina vale 1 millón 250 mil
dólares. En Colombia, 5 millones de dólares. ¿Se puede explicar uno la
diferencia? Qué las montañas, que no sé qué…. Sí, ¿pero tanto? ¿O más
bien han transformado la carretera en un negocio financiero? Y como la
plata sale de las regalías de petróleo, pues el mecanismo de las 4G a
través de los peajes, con esos sobrecostos, lo de Odebrecth solo es un
ejemplo de eso… es una forma de transferencia de la riqueza petrolera
nacional hacia los propietarios de los bancos en Colombia vía 4G. Así
han hecho las normas porque esa es la manera de ordeñar un país. ¿Quién
pierde con eso? No solo todos los que cogemos un bus por ahí, sino toda
la industria, la agricultura del país, la posibilidad de producir en
Colombia, que tiene que cubrir esos altos costos de transporte. Con toda esa corrupción —que involucra al poder ejecutivo,
judicial y legislativo— donde todos buscan favorecer a privados, ¿cómo
lograr un pacto social en torno a eso, teniendo a esa gente con tanto
poder en contra?
Yo pienso que es una minoría. El pacto social no es unanimismo.
Quitémonos eso de la cabeza. La diversidad colombiana no permite el
unanimismo. El pacto social es que las mayorías de este país decidan sus
destinos. Y lo tienen que hacer a través del poder constituyente, que
es la forma básica de una democracia. Y tiene que haber un cambio
político. ¿Qué es lo que hemos tenido? Dos siglos de una continuidad
política donde no ha existido un pacto social. Para que exista un pacto
social tiene que haber un cambio político. En este momento, yo
represento el cambio político.
Y en cierta forma, los sustos que se generan dentro del electorado
de diversos sectores y regiones tienen que ver con eso. Con una decisión
que hay que tomar. O cambiamos o no. ¿Da susto el cambio? Claro, en
todas partes da susto. Y hay gente interesada en que dé susto el cambio.
Pero, en este momento, y así como están las cosas en la vida política,
pues yo he quedado casi solo con la bandera del tema del cambio. Un
cambio real de la sociedad que no es socialismo, que no es comunismo,
que no es castrochavismo. Es el pacto social para construir un nuevo
rumbo. ¿Cómo hacer para que las personas puedan entender que el cambio
que usted propone puede ser benéfico? Porque no se puede tildar
simplemente esas poblaciones de ignorantes. ¿Qué hacer con ellos?
Además, no son pocos.
No es que sean ignorantes. El que tiene miedo al cambio lo siente.
No es un problema de ignorancia. Una señora puede pensar que un cambio
social trae problemas para su hogar, y actúa políticamente. Hace esa
reflexión. En cierta forma, la estrategia de las campañas consiste en
eso. Para unos, en tratar de explicar y decir que no implica un daño,
sino que vamos a beneficiarnos. Se trata de generar algún tipo de pasión
alrededor de la necesidad de las reformas. Para otros es lo contrario.
Cómo se produce miedo, cómo se asusta. Y el que tenga mejores formas de
comunicación gana.
Hay sociedades, y hay que respetar eso, que deciden no cambiar. Colombia ha decidido no cambiar.
Hay una masa de millones de votos que se mueve por el dinero porque
no hay alternativas. En una familia pobre, escoger entre un señor como
Vargas Lleras y un señor como Duque, por ejemplo, ¿cuál es la
diferencia? Pues el que más billete ponga en la mesa. Nada más la va a
apasionar. Lo vimos en la inscripción de firmas, donde coincidí con
Vargas Lleras. La gente que llevó Vargas Lleras para mostrar gran
fuerza, terminó aplaudiéndome. Y los muchachos del hip hop terminaron
haciendo la batucada conmigo y hablando. ¿Eso qué es? Que yo genero una
pasión más fuerte que el billete que les ofrecen. Si eso se puede
generalizar, Vargas Lleras no es presidente, el presidente es Petro.
Fotografía por Alex Bernal.En ese panorama de pasiones de las que usted habla, ¿cómo ve
usted esa injerencia, esa fuerza que están empezando a mostrar, de unos
años para acá, las iglesias?
Es llenar un vacío que la política no llenó. No es un problema
colombiano, es mundial, unas sociedades a las cuales las fuerzas
políticas del siglo XX ya no convocan. Se murieron, se agotaron. No
responden a problemáticas del siglo XXI y es un llamado a una nueva
política para el siglo XXI. Pero ¿qué remplaza esa degradación de la
política? La religión en algunos casos, en otros el fútbol. En Colombia
usted lo ve con una afluencia de sectores muy populares a iglesias de
tipo cristiano, es la libertad de creencias. Que no nos gusten las
posiciones políticas de ciertas iglesias cristianas o que ciertas
iglesias cristianas no son religiones, son una utilización de las
personas. Pero la culpa de eso está en la ausencia de una política
vital. Si nosotros seguimos manteniendo políticas del siglo XX, la gente
buscará otro tipo de interpretaciones. Ahí hay un movimiento pendular casi hacia la Edad Media.
Así era en la Edad Media, la religión cumplía el papel de la
política, que no existía realmente. Pero estamos en eso. Hay una
política de derecha y de izquierda que no responde al siglo XXI. La
izquierda tampoco. Porque si fuera la izquierda, estaría moviendo
grandes masas y ganando elecciones, y eso no es cierto. Entonces tiene
usted un agotamiento porque se volvieron neoliberales, porque son lo
mismo, porque no dan respuestas. ¿Cuáles son las agrupaciones políticas
que le están dando una respuesta al cambio climático?
El papa es más líder en el tema de cambio climático que cualquier
asociación internacional socialista. Pero el tema del cambio climático
es político, debería haber sido asumido por fuerzas políticas, pero no
existen, no lo entienden, no lo tramitan, va en contra de sus intereses.
Ayer uno de los del MOIR dijo que yo estaba exponiendo la propuesta
de los páneles solares de Usaid, acusándome de imperialismo. Esa es la
incapacidad de mirar el mundo de hoy y sus problemas.
Explíquele usted a la izquierda las redes qué te están dando. Un
trabajo libre, asociado, creativo, cerebral. Wikipedia es el ejemplo. Y
de eso cada vez hay más. No es trabajo asalariado. La izquierda del
siglo XIX luchó porque el trabajo no fuera asalariado, que fuera libre.
La izquierda del siglo XX se acostumbró a defender el trabajo
asalariado, los sindicatos. Ahora resulta que hay un trabajo no
asalariado, ¿dónde está la izquierda? Tratando de recuperar la vejez del
siglo XX, suena tan raro que ya no la puede interpretar, esa es la
verdad.
Pero resulta que se empieza a mover el trabajo cada vez más. La
riqueza se empieza a mover aquí. El tema de Bitcoin es uno de esos
efectos. ¿Cuál es la fortaleza de Bitcoin? El número de transacciones,
no la emisión de la moneda. ¿Cuál es el peligro que representa Bitcoin
para las economías actuales? Pues que el poder de emisión del dólar se
acabó y que el poder de dar créditos del banco terminó. Si uno se va
metiendo en el mundo de Bitcoin no está metido en una pirámide, está
metido en una nueva realidad económica, que seguramente tiene otros
problemas.
Entonces la izquierda no ha podido entender eso. Porque se ancló al
capital, al salario y al precio. Wikipedia no se cobra. Pregúntenle a
Robledo qué piensa de Wikipedia, no puede entender el mecanismo
económico. Porque es una izquierda anclada en un viejo mundo del capital
y el trabajo asalariado, que está disminuyendo en el mundo. Estas
nuevas formas, que serán de riqueza en el futuro, que varían 10 o 15
años, porque no es a un siglo, las vamos a vivir nosotros mismos, si no
estamos preparados y no damos respuesta. ¿La gente qué hace? Busca
soluciones.
Esto puede ser una nueva religión. Lo estamos viendo. Con incluso
una religiosidad de la tecnología. La gente busca interpretaciones y la
política no las está dando. Y yo sí creo que la política las va a dar,
lo que pasa es que es una nueva política. En el 2017 la corrupción cobró muchísimo protagonismo. Hay
quienes dicen que al dejar a un lado a las Farc, se hizo evidente con
casos como el de Odebrecht, Reficar, el cartel de la toga y muchos
otros. ¿Cómo hacer frente a la corrupción? ¿Qué perspectiva tiene usted
frente a ese problema? ¿Qué haría usted si llegara a la presidencia
frente a ese asunto?
Tú tienes historias del pasado de los abuelos que te dicen, por
ejemplo, que un señor como Alberto Lleras Camargo vivió muchísimo tiempo
después de ser presidente manejando bicicleta en Chía, y es leyenda que
siempre se encontraba al señor en su bicicleta. O está la de López
Pumarejo, que para la época era un señor rico, que dejó incluso la
presidencia porque su esposa enfermó y tuvo que llevársela a Estados
Unidos. Prefirió cuidar a su esposa que mantenerse en el poder en un
momento en que estaba la discusión de La Revolución en Marcha.
Es decir, encuentras historias en el pasado en donde ves que la
honestidad era un valor mucho más alto en la sociedad colombiana que hoy
en día, incluso en su clase dirigente. Claro, se encuentran hechos de
corrupción, pero son más escasos que los que se van encontrando casi a
diario en Colombia. Incluso alguien intentó hacer en Internet una la
curva y le dio lo mismo: en una época en Colombia los hechos de
corrupción eran escasos y había un mayor sentimiento alrededor de la
honestidad que ahora.
¿Entonces qué las distingue? Son dos épocas que las dividen los
dineros fáciles, desde que a Colombia empezó a llegar el dinero de la
cocaína y después el del carbón y del petróleo. Entonces el tema está en
la economía.
Un señor que se llama Murillo Toro, viejo liberal del siglo XIX,
decía que el problema de la corrupción es de las estructuras sociales.
¿Qué significa esa visión? Que la corrección de eso no está en las
normas, que es a lo que se ha dedicado todo el trabajo de lucha contra
de la corrupción en los últimos años. La Constitución de 1991 fue una
manera de tratar de corregir la corrupción por norma, después una serie
de reformas políticas —ya ni sé cuántas o si se aprobaron, incluso con
nuestros votos— e intentos, todos han fracasado, cada vez es peor, no
son las normas las que la corrigen. Al contrario, el efecto de tantas
trabas en la acción política nos trajo a separarnos de la Convención
Americana de Derechos Humanos. Hemos eliminado los derechos políticos,
cualquier funcionario administrativo te quita los derechos políticos en
contravía de todos esos tratados; el caso mío es un ejemplo, y en lugar
de que eso sea un instrumento de lucha en contra de la corrupción, es lo
contrario. Todas esas normas han sido cooptadas para acrecentar los
mecanismos de la corrupción. ¿Cómo ver la solución? La solución está en
la estructura económica. Es decir, si el país se aleja de los dineros
fáciles y empieza a trabajar por los dineros laborados, que no son
fáciles, la corrupción disminuye.
En cierta forma el principal remedio contra de la corrupción está
en salir de la economía petrolera y carbonera y del narcotráfico. Pasar a
una economía productiva, que implica dineros laborados. La labor en el
siglo XXI es cada vez más cerebral. ¿Por qué? Porque la sociedad misma
empieza a cuidar lo que le costó. Si usted tiene un estado que vive de
la renta, no de lo que la sociedad produce sino de lo que alguien puso
debajo de la tierra y —por un problema de precio internacional— capta
rentas del mundo, esas sociedades lo que desarrollan es un pillaje
contra el recurso fácil. Cada cual coge un pedazo. En el Medio Oriente
están matándose entre ellos por facciones armadas, clanes, tribus. En
Libia, después de la muerte de Gadafi.
Si colapsa el Estado venezolano usted no verá que llegue la
democracia, usted verá un gran conjunto de organizaciones armadas
tratando de capturar los pozos petroleros, incluidos muchos de Colombia.
Todo este sistema corrupto, que pareciera un régimen en sí mismo,
no es más que un mecanismo de captura de los dineros fáciles que llegan
al Estado y también a las mafias en otro tipo de historia en las
regiones de Colombia. Si esa base económica la transitamos hacia un
mundo productivo, con una agricultura fuerte e industrialización bajo
las condiciones del siglo XXI —eso no se hace de la noche a la mañana—,
usted tiene una represión objetiva sobre la corrupción y esa, digamos,
es la primera receta. Uno de los cinco puntos importantes del programa en su candidatura es la reforma a la justicia. ¿Cómo piensa llevar a cabo eso?
Usted tiene una justicia que no hace justicia. Es lo que la gente
ve en todas partes y cada vez la ve más corrupta. Así no era antes, hay
desconfianza. El mayor elemento de percepción de inseguridad de la
ciudadanía no está en los alcaldes, no está en la policía, está en la
justicia. Es decir, la gente se siente insegura, no solo porque siente
que le pueden robar en cualquier esquina su celular, sino porque ese
hecho no va a ser castigado, porque no hay justicia para eso.
Toda esa degradación tiene unos orígenes. La justicia no tiene
autonomía y no tiene presupuesto. Como no tiene presupuesto, no tiene el
número de jueces suficiente. La sociedad colombiana lleva no sé cuántas
décadas sumando policías y soldados a su nómina, y nunca ha pensado en
sumar jueces. En una sociedad convulsionada, violenta, que ha vivido el
narcotráfico y épocas difíciles, si no hay jueces, ¿qué va a pasar? Pues
obviamente ya tienes un escenario de colapso. Si esos son los elementos
fundamentales, hay que garantizar autonomía en la justicia y
financiación para que sea un aparato muchísimo más fuerte de lo que hoy
es. Eso se mide en el número de jueces, esa es la unidad de medida, el
número de despachos, eso es el poder judicial.
No es que no tengamos jueces porque no hay abogados, eso es lo que
sobra, lo que no hay es financiación estatal para tener más jueces; son
dos elementos que me parecen claves en la reforma y creo que existían
antes de la Constitución del 91, por lo menos en autonomía. Creo que
había más autonomía antes.
Entonces se trata de autonomía plena para el poder judicial, que
significa que los políticos no modifican el poder judicial. Y
financiación plena, que no depende del ejercicio presupuestal de cada
año. Así como hay una fórmula en las transferencias que les garantiza a
los municipios un recurso dependiendo los ingresos del Estado, debe
haber una fórmula matemática para la justicia, que le garantiza un
porcentaje inmodificable, incluso vía constitución, para que no sea
modificable vía ley. ¿Eso qué genera? Que con el tiempo el aparato
judicial se vaya volviendo cada vez más poderoso, y si es más poderoso
se puede volver cada vez más efectivo. Por sí solo no va a eliminar la
corrupción, pero digamos que tendríamos una justicia cada vez más digna.
¿Cuál es su posición frente a la legalización del aborto más allá de las tres condiciones que existen para que sea legal?
No se puede ir más allá de las condiciones de la Corte
Constitucional porque es el máximo rector de la Constitución, y no los
amplió cuando se debatió el tema. En los hospitales públicos de la
ciudad aplicamos la sentencia de la Corte. El servicio del hospital
estuvo siempre abierto para las mujeres que así lo desearan porque en
ese tema las que tienen que decidir son las mujeres, no los hombres. Me
niego a aceptar que sea un hombre el que determine la política respecto
al cuerpo de las mujeres. Esa es una intromisión antidemocrática. Lo que
tenemos es esa sentencia de la corte, es un avance respecto a lo que
había en el pasado. La sociedad tiene que ir madurando al respecto, pero
lo que tendríamos como aplicación es que esa sentencia se vuelve
realidad en toda Colombia. ¿Qué significa eso? Que, por las razones
expresadas por la Corte Constitucional, libremente las mujeres que así
lo decidan pueden utilizar los servicios de la red pública hospitalaria
del país. ¿Qué tiene planeado para la democratización de los métodos anticonceptivos en la población más joven?
El embarazo adolescente es dramático porque condena a la muchacha y
a ese niño a la pobreza, casi de por vida. Es un tema que en Bogotá
tiene una tasa relativamente alta respecto al país, pero que viene
cayendo drásticamente. Observamos que no es un problema de ignorancia
sexual, como algún sector puede creer, es decir, que la niña se equivocó
o no sabía. No, es una elección también libre de la muchacha, y el
muchacho hace el mismo análisis con consecuencias muy diferentes… es una
“elección libre” entre comillas porque se da por falta de perspectivas
en su vida desde el colegio. Lo que encuentran es que su vida académica
no tiene salida, y por eso el muchacho lo que hace es retirarse del
colegio… no hay más. Esa es la conclusión. En la muchacha, eso la lleva a
acelerar la decisión de convivir con un hombre. Y generalmente esa
decisión la lleva al fracaso. Un fracaso sentimental porque el hombre se
vuela por sus propias condiciones económicas; no es capaz de ser
responsable de su hijo o de su hija. Y la muchacha sin estudio entra en
un círculo muy grande de pobreza y lleva su niño también hacia la
pobreza, se amarran ambos como una especie de sifón. Y la solución que
nosotros dimos, y que se volvió eficaz en las estadísticas, fue generar
una perspectiva académica. Que sientan que su colegio realmente les
sirve y los lleva hacia la educación superior. Eso fue lo que nosotros
intentamos hacer con un programa masivo de articulación del colegio con
la universidad y la entrada del arte y la cultura en el colegio. Eso
disminuyó la tasa de embarazo. Y cuando uno dice “disminuyó la tasa de
embarazo” no es que acabó la sexualidad, no estoy hablando de eso, al
estilo Ordóñez o al estilo más conservador de las sociedades, sino que
las muchachas y los muchachos —viendo esas perspectivas— usan métodos
anticonceptivos en sus relaciones sexuales. El Estado tiene que ayudar a
que eso se generalice, pero juntando ambas cosas. Porque tú no vas a
lograr, simplemente por una liberalidad en el pensamiento que poniendo
condones en todas las esquinas se reduzca el embarazo adolescente.
Entonces se tienen que resolver los dos elementos, que haya
accesibilidad a métodos anticonceptivos, pero el método anticonceptivo
no será usado si no hay una perspectiva de vida académica para la
juventud colombiana. Y eso implica, y volvemos al punto de la educación,
una universidad pública gratuita y de fácil acceso. Se ha avanzado un poco en Colombia en buscar proteger los
derechos de la comunidad LGBTI, pero ¿qué más se puede hacer por esta
comunidad?
Nosotros lo que hicimos en Bogotá fue emplear, dar una demostración
con referentes. Fue problemático porque incluso en el interior de las
unidades de trabajo administrativo se produjeron problemas de
discriminación, eso tiene que ver con la cultura misma de la sociedad.
No es simplemente cómo se les da una oportunidad, sino que la misma
sociedad la rechaza incluso dentro del ámbito estatal. El tema del LGBTI
es un tema económico y humano. ¿Por qué económico? Porque estamos en la
nueva economía donde el trabajo es fundamentalmente en equipo, en redes
y cerebral. El cerebro humano no es diferente si se es mujer u hombre, o
si se tienen gustos sexuales diferentes, o si se tiene color de piel
diferente o religión diferente. Una sociedad que discrimina está
incapacitándose para asumir la nueva economía, que es pura red celular, y
el cerebro no admite las diferenciaciones vistas así. Entonces cuando
discriminas a la población afrocolombiana, que viene con cinco siglos de
lo mismo, dejas de lado cuatro o cinco millones de cerebros. Cuando
alejas a la población pobre por su condición, o no haces nada por
ayudar, estás excluyendo 14 millones de cerebros que podrían trabajar en
equipo para construir riqueza, y así sucesivamente. Cuando tienen una
sociedad racial dividida por etnias de blancos contra negros, como
Sudáfrica antes, estás excluyendo a la mayoría de la población, a la
mayoría de los cerebros de la población. Desde el punto de vista
económico esa sociedad no sirve.
La nueva economía trae precisamente es el fortalecimiento del
trabajo sobre una diversidad humana que es su propia riqueza, como decía
el papa, punto. Y por eso una sociedad como la colombiana, si quiere
cumplir un papel en el siglo XXI, tiene que eliminar todas sus formas de
discriminación, incluida la sexual. Todas, ese fue nuestro propósito
con Bogotá Humana y lo sigue siendo el Colombia Humana: es la humanidad
misma, una humanidad que se puede volver dueña de sus riquezas, si
quiere. La discriminación es antihumana y antieconómica. ¿Qué posición tiene frente a la legalización de la marihuana?
En mi opinión el tema de las drogas es un tema mundial, y la
respuesta más adecuada es la legalización, no solo de la marihuana, pero
al ser global se nos escapa. Tenemos que actuar en un marco de un
mercado mundial prohibicionista, que es lo que tenemos hoy, con unos
hechos que van mostrando cambios. ¿Eso qué implica? Que en Colombia
tenemos que nacionalizar nuestra política de drogas, bajo la búsqueda de
un debilitamiento de la mafia. Esa es la realidad, no por política
pública colombiana sino por la realidad del mercado mundial.
La fortaleza de las mafias hoy está en su control sobre poblaciones
sociales concretas, que en términos generales son dos: la población
rural colombiana que produce hoja de coca o amapola, y la población
urbana colombiana que es adicta o consume esporádicamente drogas. Como
es un mundo prohibido, esas poblaciones quedan en manos de la mafia bajo
relaciones clandestinas, peligrosísimas desde el punto de vista
político.
Fotografía por Alex Bernal.
Medellín es un ejemplo de lo que pasa en una ciudad en donde eso
ocurre, pero no es un fenómeno solo en Medellín, está en todas nuestras
ciudades. Lo primero es quitarle esas poblaciones a la mafia, y nosotros
tuvimos una experiencia frente al tema con la población urbana en
Bogotá: tratar de establecer un diálogo entre el Estado y el consumidor.
Resultó que la mayoría —de acuerdo con los datos que logramos obtener—
eran estudiantes de colegios y no habitantes de calle. Comenzamos por
ahí. Después tuvimos 19 CAMAD distribuidos en el mayor núcleo de
población que consume, con 64 mil personas. No es cualquier cifra, y es
fundamental para una investigación científica.
El mayor número de personas eran estudiantes de colegios y acudían
porque era la primera vez que podían hablar con el Estado a través del
CAMAD sobre un tema relevante y que de otra manera solo era tratado por
la Policía o por la clandestinidad. Ese diálogo traía algún tipo de
tratamiento para las personas más vulneradas, por ejemplo, mejorando sus
dientes. Descubrimos que a los habitantes de calle el bazuco les
calmaba el dolor de una dentadura en pésimo estado. A partir de ese
diálogo nos pusimos a detectar muchísimas cosas que eran invisibles, y a
ofrecer un tratamiento diferente de la Policía hacia el consumidor.
Hubo otros pasos más adelante, como la entrega de jeringas a los
consumidores de heroína.
Pero el paso que se debió dar y que no nos lo permitieron las
circunstancias normativas del momento y el miedo de Santos —que le tenía
más miedo a Ordóñez que nosotros— era un centro regulado de consumo
para probar que ese es el mecanismo para quitarle la población a la
mafia, no a la droga, a la mafia.
El tema de la droga es muchísimo más complejo, es personalizado, y
no necesariamente es con la prohibición, digamos, la satanización… Pero
sí es fundamental quitarle la población a la mafia.
Los centros regulados de consumo del Estado pueden perfectamente
quitar el papel del jíbaro y la cadena clandestina y mafiosa en los
barrios. Eso sería importantísimo en Medellín, por ejemplo.
En la zona rural —que no tenemos experiencia nosotros como
gobernantes— está el campesino productor de hoja de coca, y más, porque
llegan hasta a hacer pasta de coca, y de ahí se obtienen muchas de las
ganancias de las zonas marginadas. Lo que uno puede percibir es que la
sustitución de cultivos no es suficiente porque el campesino tiene que
recibir, por lo menos, lo mismo que recibe procesando la coca, si no, no
funciona. Por lo menos lo mismo, y la mafia intentará subir los precios
en competencia con nosotros, pero el Estado por lo menos puede —está en
borrador porque hay que ponerlo en números— tratar de imitar la
política de reforestación vietnamita. En un país completamente degradado
por las bombas de napalm después de la guerra, con el mismo clima y la
geografía nuestra, han logrado reforestar a partir de una política
pública que es un crédito de largo plazo, que permite la sobrevivencia
del campesino cultivando bosques que después tienen un uso comercial, y
se paga con el uso comercial el crédito y la utilidad, según los
cálculos, porque un bosque crece a los 20 años.
Lo hicieron con el objetivo de reforestar sus montañas después de
la guerra, y mantener el campesinado con un ingreso digno. Nosotros
podemos usar ese método, no tanto porque necesitemos reforestar, aunque
sirve para eso. La perspectiva de la sustitución de cultivos es para
echarle números porque si no da para que el ingreso sea superior o igual
a lo que produce la hoja de coca, o el cultivo de bosques permite que
también se cultive hoja de coca de sombrío, pues tampoco nos da una
solución eficaz. Eso es una cosa para plantearla a las comunidades
campesinas. ¿Qué beneficios y qué contras tiene haberse separado del Polo Democrático?
No, yo no me separé por gusto ni por cálculos. Me quedé sin partido, hace siete años no tengo partido. ¿Qué representa no tener partido?
Pues dificultades prácticas. Un partido debe ser un comunicador,
entonces no tenemos ese poder de comunicación que no sea en las redes.
Un partido debería ser un organizador popular, nosotros no tenemos esa
opción, hasta ahora salimos de la administración. Parte de las
debilidades de Bogotá Humana fue la ausencia de organización popular,
sobre todo en sus últimos dos años.
Lo que tenemos no es ausencia de organización política. Existe, se
está creando, se volvió nacional y ahí cumplió la tarea de sacar 846 mil
firmas. Eso no se hace de la noche a la mañana: se hace con muchísimo
dinero o con organización política. Empezamos a tener organización
política, pero no tiene su personería jurídica. Pero yo sí pienso que
debe haber organización política, y que esa política tiene que responder
a las necesidades de la sociedad colombiana del siglo XXI eso hay que
hacerlo. Para terminar, ¿cuál es su estrategia para ganar la presidencia?
Yo no creo que vaya a ganar coaliciones, creo que los candidatos se
están desgranando, saliendo, muchos ya no están. Tanto el lado uribista
y del lado de izquierda, se fueron. Y creo que va a seguir pasando
hacia adelante. Al final, ¿cuál puede ser mi táctica? Apasionar al
pueblo, no hay otra. De lo contrario no venzo al dinero de Vargas
Lleras. Si Vargas Lleras gana, aunque no gane en las encuestas, porque
en las encuestas no aparece la compra de votos, Vargas Lleras ganaría
comprando los votos. Y el único que podría lograr que, a pesar de eso,
como sucedió con la gente del hip hop en Bogotá, esas personas voten por
otro candidato, soy yo, porque puedo provocar esa pasión, no lo he
hecho, pero puedo hacerlo. Hay potencial y ahí está la estrategia.
(Con la colaboración de Ricardo Durán, Alfonso Pinzón, Bibiana Quintana y Laura Vásquez Roa)
Qué es lo que Petro dice que hará si gana la presidencia
Análisis de la entrevista que el candidato progresistas dio en el programa de Vicky Dávila en La W
Por: Allison Benson Hernandez | Febrero 22, 2018
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja
exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el
pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
Desde hace
varios días, cada vez que hablo con un colombiano, desde Facebook hasta
una fiesta, sale el tema de Petro. Decidí que para tener algo que decir
tenía que informarme, pues no sé realmente qué es lo que Petro dice que
hará si gana la presidencia, no sé realmente qué hizo Petro de alcalde y
no sé realmente quién es Petro: ¿el exguerrillero?, ¿el déspota de
izquierda?, ¿el hijo del pueblo? Así que me puse la tarea de oírlo en la
entrevista que le hizo Vicky Dávila, me senté a escuchar con toda la
atención la hora y 40 minutos. Tomé nota de todo lo que dijo y luego
hice un “mini análisis”. Comparto el ejercicio, segura de que hay
personas dispuestas a alejarse de la alharaca de los odios y los
mensajes inagotables en las redes para saber qué es lo que este
candidato tiene por decir.
Petro habla sobre cinco reformas sociales fundamentales:
i) La reforma a la salud, para quitar las EPS y tener un sistema de salud digno.
ii) La reforma a la educación como derecho universal a la educación superior gratuita.
iii) La reforma a la justicia, para que sea independiente y autónoma.
iv) La reforma a la política para que sea independiente de la corrupción.
v) El tránsito (gradual) de la economía extractiva a la agricultura y la industria.
El “mini análisis” cubre estos puntos y unos adicionales,
incluyendo el tema del castrochavismo, su pasado en el M19, su relación
con las Farc y su fama de mal administrador. Sobre educación. Petro está en contra de Ser Pilo
Paga, él propone más bien crear 300.000 cupos nuevos en universidades
públicas, para hacer la educación universal y gratuita. Esto es
multiplicar por cuatro el actual presupuesto de educación superior, para
llegar a 15 billones, sería de lejos el primer renglón del presupuesto.
Sobre cómo financiaría esto, dice con tributos y “cortando inversión no
prioritaria”, como 4G, que tenían que haber sido financiadas por los
privados. Petro argumenta que las propuestas de Fajardo y Vargas Lleras
de apuntarles a Ser Pilo y Paga y a la educación técnica para los
jóvenes de menores recursos crean hoy las bases para la desigualdad de
mañana. omentario:
Comparto la visión de que la educación superior debe apuntarle a lo
público, aunque no se puede desconocer que Ser Pilo Paga ha generado
impactos positivos, como lo ha demostrado el estudio de la Universidad
de los Andes. Sin embargo, creo que la educación técnica es necesaria.
No toda la gente de un país puede ser universitaria. La industria y la
agricultura necesitan técnicos. Países de Europa como Lituania le
apostaron en grande a la educación superior, y ahora están preocupados
porque todos sus profesionales se están yendo a otros países, pues no
hay trabajo para todos. Por otro lado, hay estudios que muestran que
reducir la desigualdad en educación no reduce la desigualdad salarial.
Esto necesita mucho más que una apuesta por la educación. Por supuesto,
queda también la duda de cómo se van a financiar los 15 billones de
pesos, pues no dijo cuáles tributos aumentaría ni cómo. Recortar el
gasto en infraestructura (4G) no puede ser una opción, es de las
principales prioridades del país. Sobre salud (y pensiones). Propone quitar las EPS,
y más bien tener un computador que asigne citas directamente, en
clínicas privadas o públicas. Busca eliminar el intermediario, que lo
que hace es cogerse recursos. Menciona también que la plata de las
pensiones de los colombianos la tiene el Grupo Aval y el Sindicato
Antioqueño, y que esos ahorros se han usado para las lógicas privadas,
mientras que no hay pensiones: “el ahorro no da para pensión, le
devuelven el ahorro más intereses, pero no es una pensión”. Dice además
que “el problema del sistema no está en la edad de pensión, la solución
es ampliar el aparato productivo de Colombia, la agricultura e
industria. Ampliar el número de trabajadores (formales)”. Argumenta que
no se necesita un régimen de pensión individual, sino de reparto simple,
donde los pensionados reciben de los cotizantes. Dice que los que ganan
bastante pueden tener también una pensión voluntaria privada, adicional
al pilar universal. Aclara que respetaría el derecho adquirido del
grupo de las megapensiones (como las de los congresistas), pero que hay
que ponerles un impuesto para recuperar parte, pero “no me voy a poner a
expropiar las pensiones”. Comentario: Argumentar que las EPS pueden
ser reemplazadas por un computador que asigne citas es simplista. Sin
embargo, las crisis de varias EPS han dejado claro que se requieren
reformas. De hecho, desde hace meses el partido Liberal presentó al
Congreso una reforma para eliminar las EPS; o sea, esto no es un invento
de Petro. Sobre pensiones, estoy de acuerdo con que hay que hacer una
reforma estructural, y que esto implica generar trabajos formales. Hay
que tener en cuenta que el modelo de repartición tendrá problemas a
futuro, pues la pirámide poblacional tendrá más viejos que jóvenes. Sobre justicia. Habla de una reforma a la justicia,
para independizarla y hacerla autónoma. Pero no da detalles sobre cómo
hacerlo, y no encontré en internet información al respecto. Petro no
habla tampoco del punto de la reforma a la política, solo dice que los
únicos que deben tener miedo de su llegada son los corruptos. Comentario: Creo que todos los
candidatos (y todos los colombianos) están de acuerdo con la necesidad
de una reforma a la justicia. No podemos seguir en un sistema donde las
cortes tienen precio, la ley no es para todos, las cárceles están
inundadas y los juzgados no dan abasto. La pregunta es quién tiene
soluciones concretas sobre cómo hacerlo. Sobre los miedos de que Petro traiga el castrochavismo. Empieza
por aclarar que el castrochavismo no existe. Existe el castrismo,
sobre el cual dice “nunca me he sentido seducido por Castro, ni por el
mundo comunista soviético”. Y añade que el M19 estuvo muy lejos de eso,
abogaba era por el estado social de derecho, que es lo que somos en
Colombia, una visión progresista del liberalismo, no tiene nada que ver
con el castrismo ni el comunismo. Lo otro que existe es el chavismo “que
tiene que ver con el surgimiento de movimientos nacionalistas alrededor
de los recursos naturales”, mucho más similar a los países del medio
oriente que a Latinoamérica. Petro dice que se aleja de esa visión,
porque cree que “hay que alejarse de la monoexportación del petróleo,
carbón y gas. “Eso es una apuesta de Vargas, no de Petro”. Dice que esa
apuesta no tiene futuro, porque el cambio climático va por otras vías, y
toca es transitar gradualmente para alejarse de la monoexportación,
apostándole a la agricultura, la industria y el turismo.
Vicky le dice que todos los candidatos se esmeran en decir que Maduro
es un dictador, él no. Petro responde diciendo que lo que pasa en
Venezuela hoy es una política que se supedita al gobierno, una
constitución de un solo color, buscando crear un solo partido. Habla
también del debilitamiento de los derechos políticos, y dice que esto
también se ve en Colombia, que él es el Leopoldo López de Colombia,
donde por temas administrativos se le quitan derechos políticos a la
oposición. Luego aclara que él está en contra de la situación política
de Venezuela, donde “hay unos déficits de democracia que van casi al
absoluto”. Dice que en ambos países hay una vulneración de la
democracia. Que es lo que ha pasado acá con el asesinato de los líderes
sociales, y que Colombia “es un régimen autoritario”. Concluye que lo
que “toca es ponerle colores a la democracia, que todo el mundo pueda
participar, que la política sea libre.” Comentario: En efecto, el castrochavismo no
existe. Es un lema de marketing político que hace daño a la democracia,
porque descarta de entrada cualquier propuesta progresista, cualquier
reforma social o democrática. Por décadas, en Colombia se estigmatizó la
izquierda tildándola de guerrillera, una de las razones por las cuales
Colombia es el único país de América Latina donde nunca ha habido un
gobierno de izquierda. Ahora que la guerrilla se desmovilizó, tocaba
inventarse otra forma de deslegitimar al que piensa diferente, al que
piensa en justicia social; y el castrochavismo es ese comodín. Dejémonos
de vainas, dejemos de disfrazar con fantasmas fallecidos o inexistentes
la realidad: que en Colombia hay unos poderosos a los que no les
conviene perder sus rentas, de la tierra, de los monopolios ineficientes
de camiones o contratos estatales; y que hay otros que son muy ingenuos
para reconocer esto, y tragan entero. Lo que sí me parece traído de los
cabellos es que Petro compare a Colombia con Venezuela, y que diga que
Colombia es un régimen autoritario. Colombia, por más democracia
clientelista y desigual que sea, no es un régimen autoritario… o que le
pregunten a Santos cuánta autoridad le queda después de sus dos
mandatos, no puede ni sacar una ley, ni hacer que el 15% de los
colombianos aprueben su gestión. Sobre los miedos de que acabe la propiedad privada.
Dice “a la gente le han hecho pensar que voy a expropiar, pero ¿yo
porqué haría eso?, ¿qué sentido tendría?” La propiedad privada es un
derecho en la Constitución, donde dice que tiene una función social
(desde la época de López Pumarejo en 1936). La función social de la
propiedad privada en la tierra rural colombiana es producir alimentos, a
lo cual en 1991 se le añade “la propiedad privada es un derecho que
tiene una función social y ecológica”. Continúa diciendo “para nada
estoy proponiendo que en Colombia se estatice la economía, ¿para qué voy
a proponer un sistema que ya fracasó hace décadas en la Unión
Soviética?” “nunca lo hemos defendido, nunca hemos creído que eso sirve.
Si no quiero estatizar la economía, ¿qué quiero? La palabra exacta es
democratizarla”. Da el ejemplo del aseo en Bogotá, cuando quitaron el
monopolio (de las empresas privadas), y crearon una empresa pública
moderna, y contrataron a 14.000 recicladores que aumentaron el
reciclaje. “¿14.000 no es una democratización? ¿14.000 no significa
iniciativa privada? (…) sí, son privados, son personas individuales”.
Vicky le pregunta si expropiaría al que tenga una propiedad rural
inactiva. Responde “eso está en la Ley hace tiempos, desde 1936. No, yo
se la voy a comprar, no al precio que yo quiera, al precio que
determinen los peritos”. Petro dice que el problema es en lo rural, no
es un tema urbano, no es un tema con Ardila Lülle de que le vaya a
quitar su casa ni su fábrica de gaseosas, ni les va a decir que meta una
familia en su casa porque es muy grande. “Eso no tiene nada que ver con
nuestro problema”. “Lo que queremos es desatar la iniciativa privada,
en millones de colombianos”.
Dice que si nos vamos a separar de la minería, toca apostarle a la
agricultura. “Pero tenemos la desigualdad de la tierra más grande del
mundo, eso se llama feudalismo. Colombia no quiso acabar su feudalismo,
los intentos fracasaron en violencia. Tú tienes potreros de tierra
fértil sin producir, la mayoría poseída por el narcotráfico, por eso
hubo desplazamiento”. También hay megalatifundistas, que hace 40 años no
existían, ahora hay personas que tienen 1 millón de hectáreas. Lo que
hay que hacer es “aumentar sustancialmente el impuesto predial, como lo
hacen en EEUU”. Él cobraría el techo del impuesto predial, que hoy es
del 12 por mil. Como consecuencia, el poseedor improductivo la va a
tratar de vender, y cuando empiezan a vender, baja el precio de la
tierra. Aclara que la tierra la puede comprar un particular, si es para
ponerlo a producir, o lo puede comprar el Estado, pero que al tener la
tierra no va a crear un sistema de producción estatal, sino que va a
entregar esa tierra en arriendo, o se la entrega a campesinos pequeños y
medianos. “Estaríamos haciendo una reforma agraria”. Dice “yo pienso
que toca entregárselas a título gratuito” “que en el campo colombiano
crezca una clase media, que hoy no existe, se volverían granjeros. Esto
es un modelo de iniciativa privada en el campo. Que además tiene que ser
asociativo, porque hay que propiciar una industrialización de la
producción, y esa agroindustria debería ser propiedad de los mismos
productores agrarios”. Aclara que “esto es un mecanismo de crecimiento
del mercado interno” que empiezan a aumentar el consumo, es el aumento
de la demanda interna, que es clave para industrializar a Colombia. “En
lugar de la estatización, que me acusan falsamente, es acrecentar la
iniciativa privada, pero a millones de colombianos, que hoy no pueden
tenerla”. Comentario: Total y completamente de
acuerdo. Colombia es un feudo, y eso no es un invento de Petro, lo dicen
los datos del Censo Agropecuario que muestran que el 1% de las
explotaciones o unidades de producción más grandes controlan 81% de la
tierra en Colombia. Esto es llanamente indeseable, y es el motivo de
fondo por el que los caciques de este país están en contra del proceso
de paz. No habrá crecimiento y no habrá paz si no se hace algo para
controlar el megalatifundio, que pone un par de vacas para justificar
que está usando la tierra, y mueve poderes políticos para no pagar
impuestos. Colombia necesita sembrar el doble de hectáreas que tiene
sembradas, y para eso se necesita que los campesinos productores de
alimentos accedan a la tierra. Y que quede claro que esto no significa
ir en contravía de la agroindustria. En Colombia se necesitan ambas
cosas, dependiendo de la calidad del suelo y de las escalas óptimas de
producción. Ni la ley ni Petro están diciendo lo contrario. Nótese
también que pagar impuestos no es lo mismo que obligar a la venta. ¿O es
que estamos vendiendo nuestros carros porque no nos alcanza para el
impuesto? Es un descaro que en un país donde la riqueza está tan ligada a
la tierra, no se pagué predial rural. Eso es simplemente un subsidio a
los ricos. Queda un tema importante, cómo hacer que la tierra se dé al
campesino que la va a usar, y de manera productiva, y que no se vuelva
un recurso para el clientelismo. Sobre quién es Gustavo Petro. Dice “Gustavo Petro es
un luchador”. Cuenta que estudió en Zipaquirá, en un colegio público
lasallista, donde también estudió García Márquez. Habla de que tiene
cultura católica. Se metió al M19 a los 17 años, influenciado por el
tema religioso de la justicia social. Estudió economía en el Externado.
Estuvo hasta los 25 años en el M19, pero de clandestino, es decir,
seguía siendo un estudiante y tenía su vida en familia. Lo que él hizo
en ese tiempo fue construir un barrio, y terminar su carrera. Luego se
volvió concejal, y ahí confesó que era del M19, en el momento del
acuerdo con Belisario Betancur. Pero cuando se acabó el acuerdo lo
empezaron a perseguir. Lo iban a matar. Cuenta que lo llevaron a la
cárcel La Modelo por porte de armas, tenía 24 años. Estuvo en 4 cárceles
durante año y medio. Salió en 1986 y estuvo en la clandestinidad, en
Santander y luego en Tolima. En el monte vivía preocupado con la
posibilidad de que hubiera un enfrentamiento y tuviera que usar su
fusil. Esto lo llevó a iniciar con la diligencia del M en el Tolima,
unos diálogos de paz regionales. Él sabía que estar en el monte no iba a
cambiar nada en Colombia. También comenta sobre la toma del Palacio de
Justicia, dice que no tuvo nada que ver, estaba preso en ese momento, y
que “el palacio fue un error político”. Comentario: El ejemplo de la
desmovilización del M19 y de la incorporación de algunos de sus miembros
a la vida política es un ejemplo de éxito. Por eso me enerva que haya
personas que no solo no quieren pasar la página de la guerra con las
Farc, sino que quieren re abrir la página de la guerra con el M19. A
Petro no se le puede achacar esto, 30 años después, y menos cuando él ni
siquiera estuvo en combates, ni planeó atentados. Sobre su relación con las Farc. Dice “Petro y
Timochenko somos de corrientes diferentes”. Comenta que lo que le cobran
a Timochenko de asesinatos, es el costo de las estrategias que ellos
decidieron tomar. Luego cuenta que las Farc vieron a Petro (y al M19)
por mucho tiempo como traidores, por salirse de la guerra, pero que para
él “la guerra fue inocua, una guerra innecesaria”.
Vicky le pregunta si recibiría los votos de Timochenko, si se aliaría
con él (como lo asegura Vargas Lleras). Petro dice “yo no haría alianza
política” con las Farc. Y habla sobre el acuerdo, diciendo “si el
Estado incumple su palabra (con el acuerdo) la violencia que viene es
peor” “la paz hay que construirla es con la sociedad, no con las Farc
(…) Incluidos los uribistas”. Comentario: Petro no es el candidato de
Timochenko, es el contrincante de Timochenko. Cada voto que le den a
Timochenko es un voto menos por Petro, y por cualquier candidato. Sobre alianzas políticas. Dice que hubiera preferido
a De la Calle y a Clara en la consulta, y que “yo espero pasar a la
segunda vuelta, y espero que el liberalismo de conciencia que hay en la
sociedad colombiana, se pueda juntar con los progresistas”. En otra
parte de la entrevista dice que “quiso correr el riesgo de una consulta
con Fajardo y de la Calle”, sabiendo que ellos podían ganarle. Pero que
ellos dijeron que tocaba ver el tema programático, que tocaba hablar de
la reforma a la salud. Comentario: Creo que Fajardo y de la Calle
necesitan unirse con Petro. El centro y la izquierda están fragmentados,
y así solo se le facilitan las cosas a la derecha. La necesidad del
país (implementar el acuerdo de paz) debe primar sobre la rigidez de
principios. Esta coalición no debe ser vista como una homogenización del
centro- izquierda, sino como una coalición masiva por la paz y la
justicia, como se hizo en la segunda vuelta de Santos-Zuluaga. Sobre el problema de la basura en Bogotá. Habla de
que los concesionarios guardaron los camiones de basura (que son
propiedad de la ciudad, porque eran parte de la concesión) “para
sabotear a Petro”. Dice que la ciudad compró después la flota más
moderna del país de camiones, y montó la empresa más grande de aseo de
Colombia, propiedad de la ciudad. Dice que después Peñalosa coge la
empresa, que hubiera podido prestar el servicio también en otras
ciudades (como ETB hace), con utilidades para la sociedad y “se la tira
por su anacronismo sectario”. Enfatiza que fue Peñalosa, no él, el que
se tiró la empresa, y además no obligó a que los empleados de la empresa
pública pasaran a la privada, que se hubiera podido hacer, pero que
Peñalosa “no siente la opción preferencial por los pobres”. Comentario: Hay estudios que muestran que la tarifa de aseo con Petro se redujo a la mitad y que el reciclaje aumentó. Sobre las críticas por su mala administración. Responde
que durante su gobierno Bogotá tuvo la tasa de ocupación laboral más
alta de la historia estadística. Redujo la pobreza a la tercera parte,
duplicó el valor de las empresas públicas de la ciudad (ETB, EEB,
acueducto), puso fibra óptica en la mitad de la ciudad, y sentó las
bases del transporte multimodal (el cable de San Cristóbal, los proyecto
del metro subterráneo). Comentario: Estos resultados son
relevantes, pero también es verdad que otros fueron fracasos (comedores
comunitarios, jornada única escolar). Lo otro que no se puede desconocer
es que la falta de continuidad en los miembros de su gobierno fue
costosa en términos de ejecución. Además, buenas ideas, planes y metas
pueden tener muchos, pero el diablo está en la ejecución. En conclusión. Petro termina la
entrevista diciendo que quiere construir paz con justicia social y que
“esto implica reformas sociales, no es expropiación, no es el comunismo,
no es el petróleo repartiéndose a manos llenas entre la gente. Eso no
es, es la producción, el trabajo, el saber, las energías limpias, las
redes, pero fundamentalmente una hermandad entre los colombianos, de
solidaridad. Este es el momento de empezar a pensar en el comienzo de
una era de paz en Colombia”.
Esta frase, como el resto de su entrevista, me sorprendió. Sus
propuestas son realmente sensatas. Eso no quiere decir que vaya a votar
por él. Sigo creyendo que no es el líder que necesita Colombia hoy, un
líder que reduzca la polarización, un líder que sea capaz de enfrentar
los retos de la implementación de la paz. En todo caso, si algo es
cierto de la historia de Colombia es que cambiar el statu quo
es una tarea casi imposible. Los poderes políticos, los intereses
económicos, y las manos negras, siempre están ahí para ahogar el cambio.
Las reformas que Petro propone (mucho más buenas que malas) son
difíciles de conseguir.
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